¡QUÉ ESPECIALES SOMOS!
¡Qué especiales somos!
Cual cascadas andariegas
nuestros líquidos tienen el poder
del caminante, con sonrisas ruidosas
y dedos que modelan, o pensamientos que brotan
por la saliva descendente que nos moja.
Tan descendente que, nacida de nosotros,
se deja caer y baña las cuerdas de mi canto.
Con ella mojo la yema de mis dedos
para dar vuelta la página de un cuento,
tal vez el que narre -con sencillez- mi propia vida.
Y sigue su razón de ser amasando
el alimento que energiza, volviéndose a meter
en el torrente de mi sangre para viajar, sin límite,
por la oscura red de mi camino interno.
Tal vez se vuelva memoria en mis neuronas,
o me abandone, en atorado torrente,
algún día de tristeza donde la lágrima
haga escapar intimidades y se pierda así,
sin pena ni gloria, luego de haber sido
algo tan especial cuando nadaba mi ser.
¡Qué especiales somos!
Hablamos de nuestra dureza, pudiendo diluirnos.
De la fuerza inquebrantable, siendo nuestro espíritu volátil.
De manos de acero, cuando una simple llama nos devora y deshace.
¡Qué especiales somos!
Creyendo poseer el mundo, sólo tenemos agua,
y basta romper nuestra corteza de piel
para desfallecer, a través de ese líquido apurado
que en realidad somos.
-Buenos Aires-