martes, 15 de mayo de 2007

SEBASTIAN JORGI


MI RECUERDO DE JUAN - JACOBO

Adiós Poeta, Adiós al Amigo


a Enriqueta Mayo


Un viernes a la noche, el llamado de un amigo común, Antonio Paleo, me sacudió. “Murió Jacobo”. Así le llamábamos los más íntimos de él y de su esposa, Enriqueta Mayo. Para la Generación del 40, Jean – Jacques resultaba y de algún modo, resultara más conveniente para la valoración de un escritor legendario, participante del invencionismos con Aiden Quin con Gyula Kosiece, de la Revieta Arturo. Nos estamos remontando a 1944. Tan solo cuatro después publicara Juan – Jacobo Bajarlia Estéreo poemas, poema instalador de imágenes. Después publicara la Gorgona y Nuevos Limites del Infierno. No es la intención de esta nota resaltar o comentar su obra poética, trabajo que he realizado con toda humildad en mi libro Siete Contra Tebas (Torres Agüero Editor, 1997). Con toda humildad sí y con el temor ante su rigurosa óptica. El trabajo lo había titulado “La Voz Contra el Olvido” y se lo alcance a leer en la pizzería “El Ombú”, a una cuadra de su actual vivienda, en la esquina de Gaona y Donato Álvarez, barrio de Plaza Irlanda (Caballito). En este punto nos reunimos periódicamente con Juan José Delaney y con Antonio Paleo o nos invitaba a su casa para compartir interminables tertulias con Enrique Anderson Imbert.

Su generosidad dio el beneplácito para este trabajo, que fue publicado por primera vez en el Pregón de Jujuy. Generosidad palpable en su atención a las nuevas generaciones de poetas y de escritores, en sus consejos sin pedanterías ni engolamientos. Conocí a Juan Jacobo Bajarlia en los años Sesenta, cuando él levantaba pólvora en las polémicas de la cale Corrientes o de pronto lo veía en la librería Perlado en la calle Rivadavia a metros de Callao.

Pero la amistad nacería en Mar del Plata, a principios del verano de 1982: nos unió La Capital por intermediación del poeta Pedro Leguizamon. En lo personal y como escritor, es mucho lo que debo agradecerle a Juan Jacobo Bajarlia, a través de simpáticos reuniones y de intercambios de escritores, ideas, posiciones. Claro que su sabiduría y sus anécdotas sabrosas, llenaba todos los vacíos posibles: cada reunión era para todos los que compartíamos con él, una fiesta. Verano tras verano, acercaba a casi todos los poetas de Mar del Plata. Durante los primeros tiempos fue el bar de Santiago del Estero y Bolívar, más adelante el bar “El Reloj” de San Martín e Hipólito Yrigoyen, mucho después el de Rioja y San Martín, entre otros lugares alternativos. Y si digo poeta, no es éste el término que circunscribe al género, Poeta es Verificable en sus piezas: teatrales y su prosa de ficci6n, como para ejemplificar en este momento, “El Día Cero” y “El. Endemoniado Señor Rossetti”, (ambas editadas por Emecé). Sus ensayos sobre “Jack El Destripador”, como así también Historia Argentina. (Sables historias y crímenes), sobre “Drácula”. Como así también su. inolvidable obra de teatro “Monteagudo”, va perfilando a un escritor mayúsculo, de finas ductilidades de originales aproximaciones criticas.

Su. capacidad, como antólogo y estudioso de! cuento policial, podemos apreciarla en Crónicas con. Espías, donde reúne cuentos de Borges, Bioy Casares, entre otros, organizó para la Editorial Corregidor, el libro Homenaje a Leopoldo Marechal. Tradujo “La Lección” de Ionesco, para un teatro de Mar del Plata. Esta fue su ciudad preferida, donde verano a verano, junto a la infatigable Enriqueta, nos deslumbro con sus conferencias en el Provincial y en otras instituciones de la ciudad. Ensayista de lujo, su libro Jacobo Fijman: poeta a entre otras dos vidas, debería haber recibió un premio nacional, pero el país y los intelectuales escritores mas adheridos a la politiquería y a ciertos enjuagues (me refiero a los que ocuparon cargos en estos últimos veinte años) miraron de reojo su obra.
Gracias a Mar del Plata y a Pedro Leguizamon, pude intimar y aprender mucho de literatura con Juan Jacobo Bajarlia, una intelectualidad enorme y una pluma excelsa que pudimos apreciar en sus profundas colaboraciones en el medio donde él se sintió cómodo, en libertad para sus trabajos, como “La Capital”. Una libertad que fue cercenada por el silencio de medios culturales o de onda, a lo que se sumo la indiferencia de editores ocupados más por buscar éxitos y no enaltecer un fondo editorial.
Gracias, Juan Jacobo.

1 comentario:

Diego Vidal dijo...

gracias por la referencia a e.a.i, el ultimo gran maestre de la literatura americana