domingo, 27 de septiembre de 2009

MARIO CAPASSO


EMBRAGAR


El buen señor, luego de rascarse la cabeza durante un rato, se dispuso a manejar su propio auto e intentó embragar y poner primera tal como le habían explicado, esa misma mañana, un par de amigos fugaces. En medio de la operación, el auto comenzó a dar un montón de saltitos y, a partir de un instante medio impreciso que no quedó registrado en ninguna parte, mientras el supuesto conductor pensaba en una rana cualquiera y después en un canguro determinado, el motor del vehículo comenzó a caer en una zona de silencio. Así y todo, sin su ruido, con el horizonte subiendo y bajando, con el limpiaparabrisas puesto a funcionar de manera misteriosa, el dúo de auto y chofer llegó a la estación de servicio más próxima. Ya allí, una vez estacionado contra uno de los surtidores, dos o tres testigos del arribo a los tumbos, lo sacaron de adentro, lo palmearon de lo lindo al señor y le auguraron un sin fin de tropiezos semejantes, si es que no se avenía a cumplir con las reglas del buen conducir, que por cierto hasta ese momento no habían incluido, durante esa experiencia de menos de un día, el arte de embragar.


-Buenos Aires-

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muchas gracias, Norma, una alegría estar en tu blog,
un abrazo,
mario

GAB dijo...

Y asi es, yo me quede en el automatico, cansado de esos saltos a destiempo, del carro apagado a media calle, jajaja.

Un gusto visitarte y conocer el blog.

saludos cordiales

Anónimo dijo...

Mario: un breve relato que representa la vida misma. Hay quienes nunca dejan de dar saltos. Un abrazo, Laura Beatriz Chiesa.

Anónimo dijo...

Mario: Es verdad que embragar es todo un arte. ¡Si lo sabré yo, que hago corcovear al coche si no me ponen un suplemento en los pedales para suplir los centímetros que le faltan a mis piernas!
¿Muy bueno tu texto, como todo lo que llevo leído de tu obra.
Aplausos y abrazo
María Rosa León