lunes, 7 de julio de 2008

DIANA ANAHÍ PEDEMONTE


OCTUBRE

La ilusión que apenas se esboza, llena de nueva luz mis ojos, como si una sonrisa bailoteara en ellos a punto de convertirse en descarada carcajada.

Me quedo pensativa (¿sueño despierta?), la ilusión toma ahora por asalto mis labios que se esfuerzan por no sonreír abiertamente, solo lo hacen en complicidad conmigo misma, me dedican íntimamente la alegría.

El corazón se siente liviano, libre, sin las manos de la angustia que atenazan.

La adrenalina corre por mis venas, acelerando apenas el pulso, me llena el estomago de cosquillas aladas.

La certeza, aunque apenas creída, de oír tu voz saludándome hace que mi cuerpo todo se ponga en alerta. La piel anhelante de caricias se tensa levemente como un tigre al acecho.

Pequeñas señales, imperceptibles para otros ojos que no sean los míos ni los tuyos, que cuando llegues buscarán recorriéndome, inequívocas señales del deseo.

Esa calma aparente nos acompañará todavía un rato más, acunará las palabras, los gestos, las sonrisas.

Sólo nuestros ojos harán que nos envolvamos en miradas que hablarán sin palabras de lo profundo que sentimos; sólo ellos dirán de la intensidad del deseo. De ese fuego que nos abrasa, que después se convertirá en pasión irrefrenable, que se vislumbra sólo en las miradas.

Mis ojos perdidos en los tuyos iniciaran una danza intencionada de promesas, premonición que anuncia una entrega incalculada.

Los vientos del amor nos agitarán más tarde cuándo el sexo se convierta y nos convierta en instrumentos, que totalmente afinados, armónicos, enhebraran nuestros cuerpos las notas de la música más esperada…

Y volverá a ser todo aquello de cóncavo y convexo, el exacto ensamble de dos cuerpos.

Nuestras bocas, nuestras lenguas, las manos recorriendo en suave caricia la conocida geografía; paradojal reencuentro con el paraíso al fin recobrado.

Mi aliento y el tuyo mezclados como tratando de absorber un último hálito de vida, para llegar al éxtasis de un encuentro sublimado.

El placer se convertirá en goce y otra vez habremos repetido el antiguo milagro del amor entre las sábanas.

1 comentario:

Verónica Rodriguez dijo...

Qué bello texto Diana! Qué bien escrito!!! Lo que más me gustó fue lo de lo cóncavo y conexo!!
Cualquier mujer se siente identificada con las sensaciones de tu personaje frente al encuentro tan deseado!
Felicitaciones y cariños!!!