martes, 22 de abril de 2008

MARTA ORTÍZ


Me detuvo el límite

el tapial partió en dos
parcelas el terreno.
La infancia repartida
entre los frutos de la tierra.
Mi padre hendía
minuciosa la huerta
como la otra
que mi abuelo
piamontés labraba

en tardes amarillas
de otoño
él miraba a lo lejos,
a ver si el aire devolvía
la imagen
que la memoria
empobrecía.

Desde un fondo de tiempo,
la niña mira.
Sostiene diademas
de flores secas.
La mece un urgente caudal
de hondo cauce.

No detiene la payana
de pulidos carozos de níspero
aprende
trucos de malabarista.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Norma!!! El poema parece otro publicado en la revista y con tan hermosa fotografía. Mil gracias por la difusión.
Besos, Marta

Roberto dijo...

Buen poema, pasaré seguido por el blog.