domingo, 27 de julio de 2008

JORGE LUIS ESTRELLA


ACOSTÁNDOSE

Se acostaba con la cuesta
y por eso le llamaban:
“el que se acuesta con la cuesta.”
Le costaba acostarse con la cuesta
porque se le hacía cuesta arriba
acostarse arriba de la cuesta.
Por eso, a veces, se acostaba abajo.
Aún le cuesta creer que la cuesta
lo dejó por otro: un verdadero potro.

Comenzó a acostarse con la cama:
una cama de dos plazas:
una tenía calesita,
la otra no.
Encamado en la cama con la cama
practicaba el Kamasutra.
Pero, el que se subió a la rama
perdió la cama,
la cama le hizo la cama:
se fue a Utah con Obama
y lo dejó en cama: con gripe.

Comenzó a acostarse con el pico
que pesaba treinta y pico,
que medía treinta y pico,
que tenía treinta y pico
y le gustaba picar.
Pero “una noche en que lloraban los violines
un tango amargo de promesas olvidadas”
el pico se las picó.
Él picó cebolla y lloró.

Comenzó a acostarse con la pera
de agua.
La que espera desespera,
ella que se desespera,
él que la espera,
ella que le hace la pera
él que también se desespera,
que le pide peras al olmo,
falta para la primavera,
“estoy hecho una fiera”,
se pudrió todo.

Decidió casarse con la casa.
Alguien dijo: “Se casa con la casa
y van a tener casitas.”
Pero no fue así la cosa
porque ella era una casa ocupada
y él un desocupado,
lo que terminó significando
un grave caso de incompatibilidad
de caracteres góticos.
Se divorciaron en una inmobiliaria.

Comenzó a acostarse con un sapo
que no era cancionero
pero si tenía una boca grande.
En los días de lluvia se ponían mimosos
y daba gusto verlos amándose en el césped.
Pero un día él se hizo el rana,
hizo sapo
y el sapo comenzó a mirarlo como sapo
de otro pozo,
tomó la sopa
y se fue saltando bajito.

Comenzó a acostarse con una llama
que era muy ardiente,
lo encendía hasta más no poder.
Le decían: “Te llama la llama”
Él iba y se quemaba.
Claro la vida se le volvió un infierno,
ya no podía seguir así
pero, una tarde,
la llama se convirtió en guanaco,
y, con una certera escupida,
apagó el incendio.

Comenzó a salir conmigo
pero, pronto, me di cuenta de que
la cosa se estaba haciendo demasiado larga,
había que ponerle punto final
y dedicarse a escribir otro poema.
Lo dejé.
Se quedó sinmigo.

domingo, 13 de julio de 2008

REYNALDO URIBE


RITO DE LA AUSENCIA

................................A Carolina, Nicolás,
................................Imanol y Federico
I

En este transitar de sombras y montañas
con las manos extendidas
perpendiculares
a mi pecho hinchado de sed,

te busco

desde mis cientos de siglos
mi desarrollo físico y mental
mis pasiones infinitas
mi naturaleza
moldeándose desde sus entrañas
de rodillas a nuestra sensibilidad acorralada.

Y camino

con mi humana soledad a cuestas
extrañando tu sueño
hurgando indefinidas sombras
consultando al viento y a las piedras,
a las hojas secas y las verdes,
a todo aquello que aún se guarda intacto
inviolable
y tan seguro de sí mismo
como de su eternidad en la vida y en la muerte.

RUBÉN VEDOVALDI


LA DIABLA PROFECÍA

Mañana poblarán el valle esas hembras desnudas que bajan de los árboles del deseo, a preñarse de cuanto macho se les cruce. Poblarán los valles mujeres infernalmente bellas, hembras de risa y llanto que traen el fruto a morder y la muerte en polvos. Locas que ríen entre ellas y no sabremos de qué. Bestias de un raro hechizo, ninfas que no han bebido el licor de las tabernas pero bailarán alrededor del fuego, locas, y cantarán desatadas ante el espejo y se pintarán furiosamente para la guerra del amor y se frotarán suaves aceites aromáticos por el fruto prohibido hasta arder como lo que son. Bajarán de los árboles en las noches de luna, lobas de carne fulgurante, panteras, zorras, perras, yeguas desbocadas en el delirio del placer. Vendrán a retobarse, a retozar a horcajadas del viajero que huye; correrán a trincarse al guardián desguarnecido; rugirán a horcajadas del que llevaba el carro, el que timonea el barco, el que conduce el tren. Amazonas salvajes con sus lenguas como látigos, sus ojos como arcos y flechas engualichadas, sus uñas como espuelas del impulso. A horcajadas del que domaba las potrancas chúcaras. a horcajadas del que fabrica los muebles de la fornicación, a horcajadas del médico de señoritas; a horcajadas del sacerdote virgen y del corregidor; a horcajadas del hijo del juez, a horcajadas del maestro rural, del banquero y del mendigo. Bajarán de los árboles como hambrientas serpientes. Llenarán de alaridos las cumbres y los llanos y parirán cachorros a los cuatro vientos. No escucharán a nadie. De sus voraces piernas saldrán los hijos, hasta volver el desierto muchedumbre y la muchedumbre otra vez guerra, dolor y amor.

EUNICE ARRUDA

GABRIEL

eu que vivi sem pátria entregue
ao ócio ao sol em sonho em
todos os lugares
eu

que vivi sem pátria
que vivi somente
com o gosto do vinho e o brilho
as cores da Espanha e o luar
eu que vivi sem pátria morro

de raiz
(Brasil)

MANUEL RUANO



ANGELOTES DE LA VIEJA ROMA

“Duerme el verano en la miel virgen,
el lagarto en su infancia de monstruo”
................Salvatore Quasimodo

Morta di mal d’amore:
Me saludan tus bufones de la corte de los Borgia.
En tus fuentes están esos niños gibosos (que hay en las alturas),
mas debieran ser los viejos mutilados de la guerra que juegan a ser dioses.
O mujeres de palacio debieran ser. Peligrosas hasta la misma muerte.
Esas que secretean su perversidad en galerías secretas.
Mas las hay también piadosas y pecadoras, como lunas de plenilunio.

Morta di mal d’amore:
Tus escalinatas están llenas de gatos abandonados
y angelotes terribles que hacen inaguantables mis pesadillas...
Y las sombras, ¡ah, las sombras!, sombras son de otras épocas,
que se han ido directo al Aretino,
para anunciarle un jardín de putas esplendorosas, que no saben mentir...
Con certera vocación, Lucrecia Borgia dice aquí estoy yo,
presta en su ajuar que bien le sienta en su vestido de seda verde,
tocado de perlas cuajadas como gotas de rocío.

Morta di mal d’amore:
Un relieve más tu Coliseo,
donde perduran rastros de sangre todavía, esqueletos de piedra caliza,
fogatas interiores...

Casanova estuvo por aquí, estoy seguro, aspirando su rapé.
Con toda seguridad anduvo en la Vía Giulia, en Casa del maestro Raffaello.
A mí me consta que el marqués de Sade, también se hizo presente en estas calles,
un viernes 27 de octubre del 1775,
detrás de una máscara ámbar y un lunar junto a la boca.

A mí me consta, Morta di mal d’amore.

Ahora, todos me sospechan como a otro espectro de la noche.
Y quedo a tus pies, en este año de 1986.

Como daguerrotipo prohibido o truco del diablo.

Eso sí, cada estatua vale una fuga. Cada penumbra, una lamentación.
(Por la ventana del hotel, veo ahora a una muchacha vestida de mecánico
que cambia un neumático)
Y tú estás mordida en la soledad, morta di mal d’amore;
escrita como epitafio en piedra tosca, en mármol de Carrara,
como cenotafio de lignito indiferente al mundo.
Los temas consabidos están ahí: la guerra, la usura, la Muerte.

(A Fellini le encantaban esos planos generales y atrevidos de tu nostalgia...)

lunes, 7 de julio de 2008

MARÍA PAULA MONES RUIZ


ÚLTIMO SOPLO, POEMA

Lluvia de hojas con mil rumbos.
Desintegrada materia volando como hojas.
Vuelo multiplicado del dolor
en viento convertido.
Soplo último.
Esfuerzo entre el límite y el peso
el peso de algo oscuro. Caminan
mis ojos abiertos por la huella.
La huella de algo eterno, eternamente pleno.
No muero.
Escribo.
Ojos que tocan verdes estrellas.
Manos que parpadean letras.
Letras...hojas...materia.
Último soplo, poema.
No muero.
Vivo.
Vivo desintegrando tristezas.
Y me alivio.

Del libro "Calle Blanca"

LUISA BERUTTI


GÉNESIS

Es en soledad
cuando me someto
al punto oscuro
sin hora de anuncio
en la profundidad de mi aljibe
calmo la sed de palabras desnudas
que la red del viento
las salva de la angustia
y huyen de la noche amenazante de ebriedad

Brotan con sigilo
las garras que oprimen mi garganta
castigan mi pecho de letargo
me vacían de versos infinitos
y por fin emerjo de ese pozo
en el silencio de las piedras

Las voces de otro siglo
me liberan de impiedades

JUAN JOSÉ MESTRE


EL SUEÑO

Sin dudas era un sueño. Pero la mirada del unicornio se veía tan dulce, que montó sobre su pelaje y, ambos, emprendieron el vuelo para perderse en la desnudez del espacio.

NILDA ANTONIA PIGAZZINI

LA BRÚJULA

En el silencio sepulcral donde me encuentro sin más
Solidez que estas paredes , una burbuja me distrae,
me aleja del vibrar de los placeres
Esa pequeña que redonda hace chispas de colores,
trepa por el zócalo sube al techo ,dibuja arabescos
rectas curvas ,en un giro veloz se va perdiendo,
por el maleable material con que esta hecha…
Miro tras el cristal su transparencia se aquieta
en un instante
¿Es una lágrima, una gota de dolor?
Sabrá que estoy con ella?. La cuido, que no se
rompa ni se escape, así podré admirarla en sus paseos
Se quedo en el rincón, no se mueve, parece que me mira
esta quieta, ojos, no tiene…Viene hacia mi, estoy en el centro,
me rodea comienza a dar vueltas, forma círculos … Se va…
En una vertical alcanza el techo, ilumina la oscuridad en
que me encuentro como un gran foco de luz…
Crece, me observa, desciende muy despacio apretada a
las paredes, tiene miedo de caer, llego al suelo …
¿Qué es esto?
Esta creciendo y como crece , de una pequeña gota que
rodaba se hizo una burbuja que crece sin medida…
Estoy cada vez más apretada , no puedo respirar , es que
me ahoga. pido ayuda no me oyen , un ruido me ensordece
¡Explota la Burbuja!
El resplandor ilumina todo el cuarto un hombre aparece
de capa, sombrero y bastón , me acomete .
¿Creíste estar sola, no lo estabas, sin mi…tú no eres nada?
Soy la creación donde te nutres, soy el que te acompaña
cuando callas... ¿Con quién crees que hablas cuando sola
te encuentras enclaustrada , cuando escribes , cuando piensas
cuando amas?… Soy el ayer, el hoy, soy... el mañana...
El que te protege y te acompaña …
Estoy en tu vida desde siempre , en tu ilusión en tu palabra…
Donde me busques estoy soy tu genio,
El esquivo talento... Esa flor inútil tan buscada…
La poesía…
Hasta todos los cielos y todas las lunas.

BEATRIZ FREIJO


Un hombre que se mira en el espejo
con un ojo, para ver la mitad de lo cierto
y en la otra inventa la magia de un sueño.
¿Es un hombre a medias?
¿Es un conjuro buscando al hombre eterno?
Si no se atreve a vivir entero esa magia,
ni acepta su reflejo...
Tanto partirse y ni una suma.
¿Para qué?

ROLANDO REVAGLIATTI

DADOS

Así como
son infinitos
los olvidados

los dados al recuerdo
y los recordados
son finitos.

ROSA LÍA CUELLO


ELLA

Es ella la que congela las palabras
y se disgrega en el alma,
la que se hace impermeable
a la noche y sus excusas.
La que nada en los espacios
y se resiste a los otoños,
la que se sienta en la orilla de la mirada
y deja fluir tristezas.

..........Es la lágrima
..............que cae
................y se disuelve.

STELLA MARIS TABORO



MANOS Y VOZ

Sutil arroyo,
entre tu voz y tus manos.
Si callas,
ellas sucumben
en mudo silencio,
si hablas,
casi susurrando
ellas se alegran
como cascada cantando,
y en el hueco de tus manos
como débil flor voy encendida!
No las extiendas,
oh amor mío,
acurrucada voy
entre pliegues prendida
!Etéreo río
entre tu voz y tus manos,
tus dedos de soles
arrabal que entrega
tus manos a las mías!

EMILIO PRADOS


DORMIDO EN LA HIERBA

Todos vienen a darme concejo.
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Todos se acercan y me dicen:
-La vida se te va,
y tú te tiendes en la hierba,
bajo la luz más tenue del crepúsculo,
atento solamente
a mirar como nace
el temblor del lucero
o el pequeño rumor
del agua, entre los árboles.

Y tú te tiendes sobre la hierba:
cuando ya tus cabellos
comienzan a sentir,
más cerca y fríos que nunca,
la caricia y el beso
de la mano constante
y sueño de la luna.

Y tú te tiendes sobre la hierba:
cuando apenas si puedes
sentir en tu costado
el húmedo calor
del grano que germina
y el amargo crujir
de la rosa ya muerta.

Y tú te tiendes sobre la hierba;
cuando apenas si el viento
contiene su rigor,
al mirar en ruina
los muros de tu espalda,
y el sol ni se detiene
a levantar tu sangre del silencio.

Todos se acercan y me dicen:
-La vida se te va.
Tú vienes de la orilla
donde crece el romero y la alhucema
entre la nieve y el jazmín, eternos,
y es un mar todo espumas
lo que aquí te ha traído
para que cantes…
Y tú te duermes sobre la hierba.

Todos se acercan para decirme
-Te duermes en la tierra
y tu corazón sangra
y sangra, gota a gota,
ya sin dolor, encima de tu sueño,
como en lo más oculto
del jardín, en la noche,
ya sin olor, se muere la violeta.

Todos vienen a darme concejo.
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Sólo si algún amigo
se acerca y, sin pregunta,
me da su abrazo entre las sombras:
lo llevo hasta asomarnos
al borde, juntos, del abismo,
y en sus profundas aguas
ver llorar a la luna y su reflejo,
que más tarde ha de hundirse
como piedra de oro
bajo el otoño frío de la muerte.

DIANA ANAHÍ PEDEMONTE


OCTUBRE

La ilusión que apenas se esboza, llena de nueva luz mis ojos, como si una sonrisa bailoteara en ellos a punto de convertirse en descarada carcajada.

Me quedo pensativa (¿sueño despierta?), la ilusión toma ahora por asalto mis labios que se esfuerzan por no sonreír abiertamente, solo lo hacen en complicidad conmigo misma, me dedican íntimamente la alegría.

El corazón se siente liviano, libre, sin las manos de la angustia que atenazan.

La adrenalina corre por mis venas, acelerando apenas el pulso, me llena el estomago de cosquillas aladas.

La certeza, aunque apenas creída, de oír tu voz saludándome hace que mi cuerpo todo se ponga en alerta. La piel anhelante de caricias se tensa levemente como un tigre al acecho.

Pequeñas señales, imperceptibles para otros ojos que no sean los míos ni los tuyos, que cuando llegues buscarán recorriéndome, inequívocas señales del deseo.

Esa calma aparente nos acompañará todavía un rato más, acunará las palabras, los gestos, las sonrisas.

Sólo nuestros ojos harán que nos envolvamos en miradas que hablarán sin palabras de lo profundo que sentimos; sólo ellos dirán de la intensidad del deseo. De ese fuego que nos abrasa, que después se convertirá en pasión irrefrenable, que se vislumbra sólo en las miradas.

Mis ojos perdidos en los tuyos iniciaran una danza intencionada de promesas, premonición que anuncia una entrega incalculada.

Los vientos del amor nos agitarán más tarde cuándo el sexo se convierta y nos convierta en instrumentos, que totalmente afinados, armónicos, enhebraran nuestros cuerpos las notas de la música más esperada…

Y volverá a ser todo aquello de cóncavo y convexo, el exacto ensamble de dos cuerpos.

Nuestras bocas, nuestras lenguas, las manos recorriendo en suave caricia la conocida geografía; paradojal reencuentro con el paraíso al fin recobrado.

Mi aliento y el tuyo mezclados como tratando de absorber un último hálito de vida, para llegar al éxtasis de un encuentro sublimado.

El placer se convertirá en goce y otra vez habremos repetido el antiguo milagro del amor entre las sábanas.

miércoles, 11 de junio de 2008

ESTEBAN MOORE


ESA GOTA

esa gota
la que desborda
el vaso
la fina copa

esa gota
la última
que cae en la serena
cristalina superficie
arrastrando

tanta gota acumulada
esa gota la primera
de vaya a saber qué
siempre


ROBERTO GLORIOSO


13/


Atardece
como si alguien rezara
una canción de trenes
sin cargamento de distancias.


“ Tierra no prometida”
Ed. Último Reino

MONIK MATCHORNICOVA

RUEGO...

Dame un poco tú, Musa del viento
para olvidar ausencias y recordar
el canto de otro tiempo, dame

el verde de Mayo milagroso
por las orillas del Traum, cerca
de la distancia, donde

aparece el a-Dios marcando
historia y tanto camino embestido
de sueños. Dame

por último tu mano en esta soledad,
en este siglo gastado y llevarme antes
a Junio verano, cerca del sol
para quemar las penas
............. y volver
....................... a empezar.


(Austria)

CECILIA GLANZMANN

VOCES

No sé si estas voces
se nos llenan de pájaros
de pájaros blancos escapando
escapándose
de las densas colonias de humanos.

pero sé

que son voces mas puras
por el dolor que nos impulsa
por tanto genocidio
a sortear vallados
a navegar distancias

sé que estas voces
nos habitan desde siempre

y que nos iluminan
más que siempre.


"Liberándonos"
Instituto Literario

y Cultural Hispánico

MARÍA PAULA MONEZ RUÍZ

DESCANSO

Suspendo mi camino y me suspendo
encaminada a descansar,
bajo éste arbol añejo…cansado.
El descanso comienza a deshojarme
y el cansancio mira mis ojos blancos.
Quedo con mi tronco a solas.
Queda mi tronco solo,
sin mis hojas, sin mis ojos.
Queda mi tronco recostado
bajo este árbol,
con
sus
hojas… llorando,
con mis ojos
¡buscándome!

CONCEPCIÓN BERTONE


JAMAS SUBIRE MAS ALTO

¡Blasfemas!, le respondio Teócrito
al joven poeta que sólo
había escrito un idilio, y temía,
sobre el primer peldaño de la poesía,
no poder alcanzar el último.
Yo le diría lo mismo
porque no creo en la escala, salvo
que tuviese peldaños dispuestos
para descender a la tierra.
Semejante a la raíz
de la higuera que se hunde
y se aferra a su busca:
pequeñas hojas de te,
de profundas cenizas de cenizas…
Ese es el privilegio del poeta
que no gozan los jueces aunque
acepten o repudien.
Y a veces tienen razón, porque
como decía Flaubert: “El poder
es esencialmente estúpido”.

MARCELO JUAN VALENTI

La maga
lo había advertido
en la borra del café:
hallarás el mapa de la isla de
las violetas
en los ojos de la gacela,
visitarás un bosque.
Reímos como rabdomantes
en el laberinto
desanudado
por nuestra caminata cómplice.

ROLANDO REVAGLIATTI


TOMA DE PARTIDO

El amor es siempre amor:
más de lo mismo.
En cambio, el odio e incluso, el desprecio
exultantes en su despliegue creativo
a causa de lo pernicioso o degenerativo de su arraigo
no dejan de fascinar y sorprender.

JUAN JOSÉ MESTRE


DE LA ESPERA

Larga es la espera
del errante.

Larga es la espera
que te espera,
esperando algo
que termine
con tus huellas en las mías.

Mas los caminos son pacientes;
muere la esperanza de esperarte
en la próxima confluencia de la sangre.

domingo, 8 de junio de 2008

STELLA MARIS TABORO

AÚN ERES MI HOGUERA

Hoguera encendida,
chispas en el oscuro callejón
de mi alma que te busca.
Me sumerjo
en las heridas que sembró el dolor
sin la compañía de tus pasos.
Si arcilla en mis manos fuiste
por que no aseguré mi partida
antes que la tuya.
Si eras luminoso como el sol
por qué la noche devoró tu luz.
Si andabas como un pájaro
con tus alas pintadas de libertad
por qué buscaste otro paraíso.
Me sumerjo en tibios versos
sintiendo tu sabia latiendo
en mis manos.
Me fundo en este renglón
donde están las golondrinas
de tu entrañable voz...


RICARDO RUBIO


UN DÍA TRANQUILO

Hace silencio la mañana en este abismo de estío
propenso al alud y amante fiel, si acaso,
de los infiernos.
Las toscas razones de los hombres
empiezan con el obligado sumergir de los inciensos
a dar vueltas en torno a la mentira.
El sol se calla, y yo abrazo tus manos.

HUGO LUNA

BUENA LETRA

ya no sé querer
he perdido el rastro de mi corazón
sé que una vez latió bajo el viento
y la nieve
sé que un nombre lo llenaba de ternura
de furia
sé que un hombre lo llevaba dentro
ahora
ajeno
busco
el latido del faro
la púrpura luz de la sangre
decir la palabra que me nombre entero
hay que tener pulso para escribir
sobre la huella de una escritura perdida




MARÍA TERESA ANDRUETTO


PERAS

Había una rosca cubierta
de azúcar, una mesa con el hule
verde y una frutera de vidrio
(por la loneta de las cortinas, el sol
sacaba tornasolados color de ajenjo),
y había peras. Recuerdo los cabos rotos
y el punto negro que, en una de ellas,
hace el gusano. Sé que las dos teníamos
el pelo corto y unos vestidos
almidonados.

Después algo (quizás el viento)
sonó allá afuera y mi madre dijo
que acababan de pasar
Los Reyes.

DELFINA ACOSTA


MI PRIMO Y YO

Tenía la edad del limonero de la casa (nueve años), y me relamía los dedos con pensamientos que acababan desconponiéndome, pues me quedaba con los ojos muy abiertos, hasta altas horas de la noche, sin oír siquiera al violín del grillo. Entonces, mi abuela me acercaba un vaso de leche, diciéndome: “Ya otra vez estás en trance. Cualquier día terminarás loca. Estás de cabra. Eso. De cabra. No se debe pensar tanto a tu edad”.
Me hallaba enamorada. Mi corazón era como un árbol dentro de una casa, un árbol que crecía rompiendo tejas y aleros. Sus frutas eran el mismo incendio pues las puertas y las cortinas desaparecían, bajo el fuego, hasta que sólo quedaba una ventana desde la que miraba, melancólica, un horizonte de pájaros negros.
Me gustaba hablar conmigo misma en un lenguaje que era la mismísima niebla. Pensaba en mi primo como se piensa en la lluvia, en las hojas llevadas por los pasos apresurados de la gente, en el viento de la llovizna, en la noche alumbrada por un parpadeo de luz fosfórica.
Ya no recuerdo casi las facciones de M. A. Sé que era inteligente. Sabía trigonometría, botánica; era el mejor alumno del colegio, solía entrar en crisis nerviosas, y parecía adorarme como lo adoraba yo.
Jugábamos a los indios. A veces venía a liberarme de la indiada, que era rebelde (los primos, entonces, amenazaban con dejarme devorar por las hormigas rojas que subían por el guayabo). Abrazarme muy fuerte, llamarme reina cautiva, volverme a atar con la piola, formaban parte del entretenimiento. El juego tenía un guión de muerte, traición y despedidas.
Éramos niños, la sangre nos quemaba las venas; amaba sus ojos negros donde brillaba la chispa de la genialidad. Solía fijarse, a menudo, en los limones de mi pecho, pero no se atrevía a morderme, a bajar su cara sobre mi cara. No era que no queríamos besarnos por temor a que nos viera la abuela. Sentíamos el temor real a lo otro, pues nos atreveríamos a todo, después, si empezábamos por las bocas.
Nos encantaba tomarnos de las manos. Y abrazarnos hasta que la inocencia estallara. Mi primo desarreglaba mis cabellos; tenía bronca contra mi pelo lacio. Se suponía que debía enojarme. Pero me quedaba fea, quieta ante sus ojos, con los cabellos desarreglados y el corazón pisando el vestido de mi entendimiento. Como en las películas del lejano oeste, yo era una india sublevada y dañada por el amor de un hombre blanco, que en breve retornaría a la civilización.
A la noche, tumbada sobre el lecho, pensaba una, dos, siete veces, en él. Diera cuanto era porque me besara.
Imaginaba que iba a la colina, y que lo llamaba, al caer la tarde, y que él aparecía saliendo de mí misma, de mis alucinaciones, plantándose ante mi figura.
Haríamos el amor, bajo la luna roja y loca, sobre el pasto apenas mojado. No iríamos en sangre.
Pienso en mi amor infantil y el alma se me llena de hojas secas. Entonces era pequeña y me juraba a mí misma que no me casaría con otro que no fuera M. A. Me miro en el espejo: muchos espíritus tristes se van arrimando a él. Hay un llanto de muertos en la habitación. Y un olor a jazmines viejos.
Afuera, un perro ladra a otro.
El macho corteja a la hembra. Las moscas vuelan en torno al cadáver de un gorrión sobre la vereda mugrienta. Un niño observa la escena y arroja una piedra contra las bestias.
El espejo me devuelve la imagen de una mujer que todavía sueña que es niña, y que aguarda la llegada, de un momento a otro, de su primo.
Podría jurar que el amor de la infancia es el más fuerte de todos los amores.

NORBERTO PANNONE


LA TARDE QUE ME VISITÓ BORGES

Tarde invernal, tediosa y de sólo tres grados de temperatura. Soplaba viento del sur y esto hacía que la sensación térmica fuera de cero grados.
La calle se hallaba desierta y los árboles de hojas caducas agitaban sus desnudos tallos como en una extraña y vegetal añoranza de tiempos mejores. Nostalgias de savia y clorofila.
Todo aquello veía desde mi ventana que daba a la calle Mitre. Desde esa habitación, mi preferida, observaba aquel paisaje invernal. Bajo la exigua luz que entraba a través del vidrio, trataba de encontrar la rima de un verso, huidiza y necesaria.
En realidad, estaba ansioso, aguardaba el auto gris.
La noche anterior me habían dicho: “Espera un auto de color gris, en él, va a llegar Borges a tu casa”.
Las horas se sucedían atormentándome con un explicable nerviosismo. Para calmarme, me decía en voz alta: “Fue sólo un sueño. Borges está muerto. Te estás volviendo loco”. Sin embargo, contrariamente a este rasgo de mi pensamiento, yo seguía observando la calle desde mi ventana, porque, aunque no pudiese probarlo, sabía que Borges iba a llegar a las 17:40.
Un auto gris se detuvo frente a mi casa. El conductor descendió del coche, abrió la puerta posterior derecha y Borges bajó del vehículo. Vestía un traje gris a rayas. Llevaba una camisa celeste y no tenía corbata… Sonó el timbre y abrí la puerta. Borges miraba sin ver, pero al oír el sonido, me saludó.
-Buenas tardes, ¿puedo entrar?
-Sí, pase, señor Borges.
Entró tras de mí, empuñando su bastón. Nos sentamos en la sala y el genial literato preguntó:
-¿Cómo era su nombre?

RAÚL ASTORGA

EN SUEÑOS

No importa, le dijo. No importa que ya no te guste demasiado, prosiguió. Al fin y al cabo, nos conocemos de toda la vida, aunque ni siquiera nos hayamos besado en la boca alguna vez, por esas cosas extrañas de la amistad entre el hombre y la mujer. Dale, ya entraste en mi sueño, y yo te necesito, repitió. Toda mi vida esperé tener un sueño así. Porque los sueños no se eligen. O no te pasó de estar soñando con una chica espectacular, te despertás por el ruido del gato y cuando querés volver... no podés. Sí, te pasó, sé sincero. Sabés que siempre soñé con ser Esmeralda. Y vos me contaste varias veces en noches de borrachera y soledad, en mi casa o en la tuya, que soñabas y soñabas permanentemente con avanzarme. Me lo decías en broma, para ver si yo te daba el gusto. Claro, ahora te tomás revancha. Ahora recordás cuando yo venía a contarte acerca de algún chico que me gustaba. Yo veía que no lo tomabas demasiado bien, pero pensaba que querías protegerme, como a una hermanita, qué sé yo. No te hagas rogar. Ayudame, te necesito. Ya estás en mi sueño, y sólo durará hasta despertar, pero quedará para siempre en mi memoria. Siempre soñé con ser Esmeralda. Y vos me contaste alguna vez que esperabas un sueño con Gatúbela. Nos reíamos de ese sueño, pero si alguna vez se te da, yo estoy dispuesta a ayudarte. Ya olvidaste aquella noche del baile de disfraz en el boliche de La Florida, cuando terminamos la secundaria. Nos quedamos solos hasta que vimos asomar el sol desde la playa sucia, entre latas de cerveza aplastadas por el tiempo, y servilletas de papel usadas, y nuestras inocentes ganas de charlar juntos acerca de otros chicos y chicas que nos habían impactado esa noche. Vos estabas de Batman y yo de Gatúbela pero, como el de la tele, no me tocaste un pelo. Cómo es eso de que ya no te gusto demasiado. Si tres veces me dijiste que... Ya está bien, va a amanecer, por favor, necesito a ese Quasimodo que hiciste en aquel cumpleaños que le festejamos a Dani. Sólo tenés que tocar las campanas, mientras mi príncipe me abraza y me besa con pasión. Ni siquiera importa que no me quieras más, es sólo un favor de amigo el que te pido. Ya amanece, ya amanece, gimió ella con recurso melodramático.
Él se despertó, se lavó la cara, fue hasta la cocina del departamento para prepararse un café. Con el pocillo en su mano, el humo en ascenso lento hacia el infinito,se asomó a la ventana. Contempló el campanario de la catedral, y recordó que se había venido a Liverpool, no por ese trabajo como le dijo a algunos, sino para olvidarla.

SEBASTIÁN JORGI

RAYUELA

La niña estaba jugando a la rayuela cuando apareció el muchacho
de anteojos claros. Era el señor Julio, su nuevo maestro. Se había
quedado mirándolo.
-Sigue jugando, Romi.
Ella así lo hizo.
Años después, en el secundario, se puso muy contenta al tener
de profesor de Literatura a su ex-maestro Julio. El se acordaba de ella y
aún la imaginaba jugando a la rayuela en el recreo. La adolescente supo
que el maestro alegre que había conocido, ya no existía. Se había con-
vertido en un profesor taciturno, que se entretenía escribiendo cosas
en una libreta.

Cuando Romina Pérez terminó la Facultad con la calificación de
Distinguida en la carrera de Letras, lo primero que hizo fue comprar la
novela que tanto éxito tenía y entonces supo el porqué de aquella
tristeza del profesor Julio. El título del libro le decía que jamás aquel.
maestro la hubo de olvidar: Rayuela. También de ella se había borrado
el corazón de niña. Un golpe de estado derrocaba a un presidente
constitucional.

Para siempre compartió la triste nostalgia de Julio Cortazar. Ahora
la rayuela era jugada por hombres enérgicos y audaces, por la llamada
Revolución Argentina, por la Argentina Potencia después y por el
Proceso de Reorganización Nacional, al tiempo.

"Rock Nena Linda"
Ed. Los Robinsones

sábado, 7 de junio de 2008

VALERIA DUQUE DO SANTOS


NO QUIERO

No quiero una copia de mi rostro
bajo espejos menguantes
ni tampoco que mis huesos tiemblen
ante el pensamiento crudo del no despertar
no quiero mi carne disuelta
por una vida sin ganas
ni manos desgobernadas
en la contingencia del riesgo
quiero escribir sin treguas
sin mazmorras
sin quejumbres quiero soltar mis pájaros
para rescatar transparencias
jamás vividas
jamás aderezadas
jamás subrayadas por mi

LILIANA LUKIN

IVXX

Como una esclava
en el tobillo
de una mujer libre
adorna y sólo marca
el contorno del brillo
pero es
el cuchillo del deseo
para el dueño
de un deseo de tobillo
así ella
dueña de su contorno
brilla en el adorno
y en la doble
esclavitud
de su ajorca y su tobillo
está su libertad
como una esclava.

De: "Construcción comparativa"

MANUEL RUANO


PARA TI QUE AMAS LA POESÍA
..........................."dadme otro cuerpo que descargue mi locura"
...........................................Lucian Blaga


No se calma la sed con la esperanza.
Aunque mis ojos se apresten a los juegos pastoriles de tu amor,
de lo que es del cielo y de la tierra.
Así como no sé apelar a tu sonrisa para anunciarme al consabido adiós.
De esta manera, has de juzgar la conveniencia de mis versos;
porque no se calma la sed sólo con la esperanza.
Ulises, hijo de Sísifo, sembraba sal en la arena para que lo creyeran loco;
y supo así, vencer las dificultades.
Por eso te ofrezco estos naufragios y estos contentamientos
(tan propios del mar como de la tierra),
que como viento feroz anidará tarde o temprano y te desnudará toda,
atraída por el canto de los pájaros del monte,
seducida por las aguas rápidas de la memoria.

MARITZA LUZA CASTILLO

ME DECLARO CULPABLE

Me declaro culpable, y
Nadie acredita que estoy muerto
Mi existencia tiene un vínculo con tu nombre
Un péndulo maldito
Que me eleva y rebaja desde lo mas íntimo de mi ser

He forjado una catedral muy alta
Un ensayo de ofensiva
Para que mi corazón amargo no viva
Mas aún mi espíritu agudo
Se entrega a los sonidos insinuantes
Cuyas fruiciones aún destilan miel
Y estremecen mi cuerpo con rebeldía
Rebeldía de hoy
Vergüenza de ayer
Flaqueza del mañana
Escucho absorto
El desmembramiento de mi alma
Partiéndose en mil pedazos, según
Según, la fisiología del amor

Me declaro culpable
Y abandono mi lapida sin temor

ALBA ESTRELLA GUTIÉRREZ

el alma busca refugio
brazos seguros
para esconder la muerte
y unos ojos que toquen su presencia
de álamo en el muro
porque el alma
es un muñón de infancia entre los tilos
tan frágil y fugaz
tratamos de ignorarla y la perdemos
en torpes acciones cotidianas
absurda y necesaria loba
que aúlla al oído
de sábanas prestadas
el alma náufraga del uno
ahora nos reclama
y es nuestro deber ineludible
escuchar su desnudez
de cáscara sin ruido
apartarla de heridas y reproches
sin condiciones ni censuras
el alma no se toca
se contempla
el corazón se quiebra
no se rompe
el alma renace de los otros
y es en todos los puertos
corazón de luz

y un abrazo de casa sin ventanas

del libro: "Hilanderas del viento"

ELISA DEJISTANI

BLUE’S DE LA SOMBRA


Intento sin lograrlo
escapar de mi sombra
Colgada de la bruma
susurra mis pecados
sujeta mis manos
no tiembla
Clava su mirada lastimera
como un perro abandonado
Escucho con los dedos
la música
el éxtasis
la pasión
Desde un ángulo felino
salto
y disparo
disparo
sin piedad

NORMA PADRA

SUEÑOS DE CRISTAL

Burilar los pájaros
todos conocen la mirada atenta
los sitios elegantes
donde acurrucarse
con naturalidad.
Puros, transparentes
pensamientos tallados
finas hebras de vidrio
el plumaje.
Describes realidades
sueños, vanidades.
Vagas por el aire
sin contaminarte
....lenguaje
.......imposible
.........de alcanzar.

CARLOS A. MARGIOTTA


LA FUENTE DE MORRONES

Compré unos morrones bien colorados para acompañar la carne; a ella le gustaban por su forma de corazón. "Si parece que laten" decía, viéndolos expuestos en la góndola como un rey entre las otras verduras simplemente verdes y oscuras, débiles y sumisas ante tanta presencia. Quería sorprenderla con mi habilidad culinaria y nada más sensual para una noche de amor y primavera. Prendí la llama de la hornalla de la cocina con el fuego mínimo, y coloqué el primer morrón apoyado sobre la base mayor. El fuego se pegó a la piel carmín acariciándola como la mano de una madre. Poco a poco se fue oscureciendo de ampollas negras y estallando en gritos de delicados perfumes de oriente. Después lo di vuelta en el sentido contrario hasta quemarlo totalmente, y continué con los demás, uno por uno, imaginando en cada crepitar nuestros cuerpos abrazados en una hoguera lenta y paciente, prolongando el instante inevitable de la muerte.
En una cacerola con agua fría se desinflamaron juntos, y comencé a despellejarlos. Mi mano reconoció cada pliegue como a su cuerpo desnudo dejándose tocar eternamente. Los abrí con un cuchillo de hoja pequeña y separé las semillas acaloradas. Tendidos en una tabla de madera, los corté a lo largo en forma de labios, y en una fuente transparente los acosté entre rodajitas de ajo y poca sal. Los bañé con mucho aceite de oliva, a la italiana, y los abandoné agotados de amor, descansando hasta la noche, cuando el alma volvería a la fuente de morrones, como ella con su aliento encendido.
Probé uno elegido al azar, acaso el más pequeño, y pude ver su boca confundida de rouge, mordiendo desesperada, y su lengua deslizándose entre llamas jugosas, como en mi boca. Pude ver su mirada caliente suspendida sobre la mesa, esperando el vino, para ahogarse en una copa, y en otra, y en otra más, hasta el basta. Pude ver una fuente gigante de morrones, como un incendio, con nosotros adentro, quemándonos con ajo y sal, sobándonos en el rubí del aceite; los dos hambrientos, y desaparecer en cada bocado con pedacitos de pan.