
BUENOS AIRES DE LLUVIA
Lluvia y Buenos Aires.
Oscura piedra que se moja
como el sueño que acuno
y que me acosa.
Destellos de farol
humedecen de apuro la mañana
desordenando un poco mi quimera
en un viaje imprudente de vereda
y en el desnudo vitral
que lo refleja.
Llueve, Buenos Aires misteriosa.
Partitura y atril.
El bandoneón de Troilo
sofocando la luna
cuando viene “de robo”
y se queda algún rato
en mi viejo jardín.
Y la rosa de gris
que quedó por tus calles,
ese día cualquiera,
cuando el gran Piazzolla
se dispuso a partir.
Lluvia y Buenos Aires.
Los perros silenciosos
y la irritable parca de festín
acechando por Guido,
Recoleta y Junín.
Los bancos de la plaza
y el pájaro triste que reposa.
Papelito sin vuelo entre la grava.
La ausencia del pibe
y el infaltable viejo sin dormir.
Lluvia y Buenos Aires.
Oscura piedra que se moja
como el sueño que acuno
y que me acosa.
Destellos de farol
humedecen de apuro la mañana
desordenando un poco mi quimera
en un viaje imprudente de vereda
y en el desnudo vitral
que lo refleja.
Llueve, Buenos Aires misteriosa.
Partitura y atril.
El bandoneón de Troilo
sofocando la luna
cuando viene “de robo”
y se queda algún rato
en mi viejo jardín.
Y la rosa de gris
que quedó por tus calles,
ese día cualquiera,
cuando el gran Piazzolla
se dispuso a partir.
Lluvia y Buenos Aires.
Los perros silenciosos
y la irritable parca de festín
acechando por Guido,
Recoleta y Junín.
Los bancos de la plaza
y el pájaro triste que reposa.
Papelito sin vuelo entre la grava.
La ausencia del pibe
y el infaltable viejo sin dormir.
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