domingo, 25 de noviembre de 2007

OSCAR VICENTE CONDE




EL HOMBRE DE LA VENTANA

Los años, aunque no muchos, han transcurrido implacables. En su rostro están las marcas de un pasado fatigoso y el color encarnado que deja el alcohol. Sus ojos atesoran viejas imágenes. Todo en rededor es un paisaje inexistente para su soledad. Viste siempre el mismo saco azul y ajado, en extraña simbiosis con su presencia. En el ojal de la solapa un clavel blanco, siempre puro y nuevo. Lo cambia, sugestivamente, todos los días. Por las tardes llega hasta el viejo bodegón y se sienta junto a la única ventana que da a la calle. Siempre la misma mesa. Los parroquianos saben que esa es "su mesa".
Es como una institución en el lugar. No conocen su historia ni su nombre. Son jóvenes como para saberlo. Quizá el dueño del local, ya viejo, pueda tener algún conocimiento. Jamás ha mencionado algo al respecto. Aunque en verdad, no podría decir con exactitud cuando comenzó este hecho.
El señor de la ventana toma varias copas de coñac, silencioso y pensativo. Quince minutos antes de cerrar el negocio, generalmente a media noche, se retira. Un rito que cumple diariamente desde hace mucho.
Ni las inclemencias del tiempo han logrado quebrarlo. Nadie indaga ni demuestra el mínimo interés. Simplemente lo incorporan a la geografía del recinto.
Una tarde llega al bar y lo encuentra cerrado por duelo. Un descuidado cartel informaba el fallecimiento de la esposa del dueño y el lugar del velatorio.
El hombre se sienta en el umbral. Hay en el una mezcla de tristeza y bronca.
Como si cumpliera con el rito diario, se incorpora quince minutos antes de media noche y cansinamente comienza a caminar. Deambula por infinitas calles. Se sienta en el banco de una plaza hasta avanzada la noche. Es evidente la desazón y angustia. Desea hacer algo pero su conciencia lo bloquea. Es una desigual lucha con su ser interior. Sin saber como, saca fuerzas, y decide hacer lo que su corazón le indica. Se dirige al velatorio. Entra a la sala, como si estuviera vacía. Decididamente avanza hacia el féretro. Se detiene a los pies del mismo. Retira el clavel blanco de su solapa y lo deja sobre las manos de la extinta. Se retira cabizbajo mientras recita incansablemente: ¡Tantos años esperando!

MÓNICA MUÑOZ




GAVIOTAS

Las veo,
a ellas, dignas,
altas,
en ese gesto que oblicua el viento,
en una decisión de vuelo
nacida en la intemperie.
Soy mirada en su despliegue firme
idea en el apenas quiebre de sus alas
y es el horizonte
quien me dibuja
en su contraluz y su canto.
Ah!…dejarse ir en su blanco y negro,
en su ojo impávido
casi ausente –diría-
y afrontar lo improvisado de su vuelo
desde este aletear del alma
que mira y mira
mientras ellas,
giran
hasta desaparecer
en un ir que afirma su presencia
por el rastro que dejaron en mi cielo.

JULIO CARABELLI





MANEQUÍES


La gente se detiene ante la vista de aquellos maniquíes con la ropa de última moda y él está orgulloso de su vidriera conteniendo el silencio que prolonga con cada uno de los vistosos muñecos a los que Silvina acicala con esmero sin olvidar ningún accesorio al tiempo que les habla mientras anuda la corbata de Mario o cierra el collar que tan elegante luce Elena y viendo satisfecho lo que sucede dentro de su negocio no puede evitar pensar en el inspector de policía que vendrá como todos los días a pararse durante horas frente a sus maniquíes de puro obsesivo y lo peor es que a él lo mira muy severamente como miraría a un asesino serial sin preguntarle nada para volver su vista inquisidora sobre los quietos muñecos y aparta con un ademán la idea o el recuerdo del molesto inspector que sin duda llegará pero al que no verá hoy ni en sueños con la mente puesta en su casa a la que se irá llevando con él la imagen de Silvina cepillando el traje de Antonio para volver al día siguiente y al otro haciendo caso omiso del policía por un tiempo que pareciera tener calculado porque lo mismo sucedió con Marisa a quien Silvina ya no podrá vestir por haberse quedado como los otros muñecos tercamente quieta.

MIRIAM CAIRO






COSMOS

El está allí, de pie sobre el pedazo de mundo que nos hace coincidir. Puntual en los minutos que el tiempo nos concede. Simplemente está allí, y su sola presencia construye mi universo.

BENDICIONES

Es bueno que haya un hombre capaz de despertar a una mujer, aunque sus vecinas tiemblen por comparación.

FE

Yo creo en él cuando muerde de amor las fibrosas marañas de la aurora y cuando besa dulcemente los tobillos del anochecer.
Su labio modula palabras para nosotros, palabras que nunca le daremos a ninguna canción.
Yo creo en él cuando me besa aquellos labios y sube eternamente desde ellos hasta mi boca, porque la noche, con sus senos divinos, derrama el chorro del instante infinito.

RUBÉN VEDOVALDI





traza
dedos de tiza
esa
flecha que me ha
traviesa

toca
ojos de mi sueño
con labios de agua

sabe
que del abismo
sube
ese deseo
a
con
fluir
bajo el puente del beso

sábado, 24 de noviembre de 2007

JUAN JOSÉ MESTRE




PROFECÍA


Cuando los cerezos florezcan,
ya no estaré bajo su sombra;
estaré justo allí donde el horizonte
se divide entre la nostalgia y el olvido,
justo allí donde tu mirada sea luz disgregada,
anodina belleza que nada observa,
un despojo de pupilas azarosas por la búsqueda.

Cuando la blancura sea en el sendero,
ya habré recorrido todos los caminos,
todos los valles,
todos los ríos,
y no hallarás mis huellas para desandar el llanto
quebradizo como el polvo estéril de la tarde
que busca su propia muerte anunciada.

Cuando el cielo se caiga de tristeza,
allí sí nos encontraremos.

SERGIO MINORE



ALMA



Se volvió un pasillo angosto,
de baldosas desparejas,
de paredes desgarradas
por el tiempo y la humedad.
Un lugar insolente a la mirada,
donde la lluvia
moja las pocas plantas
que crecen
en viejas latas de pintura.
Se volvió un pasillo angosto,
donde de vez en cuando
- cuando no le duelen los riñones -
una vieja señora gorda
arrastra lentamente sus chancletas
para acercarse a encender
una vieja lamparita
que cuelga de una telaraña negra
y luego se vuelve a su casa,
incapaz de sentarse un rato
bajo ese ínfimo techito,
que no la cubre del agua.
Sienten pudor de pasar por ahí
hasta las ratas del galpón,
hasta las polillas, hasta la mugre
que empaña el aire.
Se volvió un lugar inhóspito,
un desierto en pleno Buenos Aires,
un agujero
en la pared de la noche.
Se volvió un pasillo angosto,
un pasillo que comunica
el hogar dulce hogar de la envidia
con una casa tomada por los gitanos,
pero eso sí,
ni siquiera uno de ellos
se anima a pasar
siquiera corriendo ebrio por ahí.
Sólo, de vez en cuando,
la señora gorda
se preocupa de ir
a encender la vieja lamparita,
no vaya a ser cosa
que se queme
y que nadie más,
nunca más,
bajo ningún pretexto
pueda llegar a afirmar
que ese pasillo angosto
alguna vez fue un alma,
mi alma.


RAQUEL FERNÁNDEZ




REQUIÉM DE LA PIEDRA


Morirán.
Las raíces minúsculas del líquen
-silencioso asesino-
horadarán el pulso de la roca,
penetraran en la sagrada entraña,
profanarán pétreas voluntades.
El viento esparcirá
las ruinas del misterio;
habrá una lluvia mojando el vacío,
la grieta en el tapiz del tiempo,
la ausencia colosal de la cabeza.
Devastada,
la memoria triangular
rodará por el luto,
la boca reverente masticando la nada,

el silencio agazapado en los dientes.


"Ojos que miran al cielo"
Ed. Amarú.-

NORMA TRAFERRI






CLAVOS Y MADERA


Intervino un hombre sin edad y dijo: Soy agnóstico. He vivido y escuchado mucho. Ha habido siempre desde que el hombre se paró sobre sus piés, la memoria casi no existía. Miles y miles de hombres cambiaron los discursos, los métodos, pero no los motivos, que son los mismos.
Si los tomamos como larva, quizá nunca construirán una casa. No darán clavos ni madera. Ni lo que es más peligroso, no sabrán construir ni una puerta, pués todas las teorías como la suya, como la mía se destruirían. Podrían darse cuenta para que sirve. Abrirla y encontrar la libertad. ¿Cómo podríamos llamarlo, metamorfosis de larva a ser humano?. Sin mediar tiempos para el cambio, ni para preparar nuevas estrategias. El objetivo de ellos siempre es el mismo. Cuando no se quiere hacer conocer lo que en realidad sucede, cuando se quiere que no suceda lo que se pide. A efectos siempre el mismo, ver materializado lo que desean.
Y no importará entonces si hay Dios, uno, muchos o ninguno.
Sordos a discursos "subversivos". Generando siempre ciegos, guiándolos a caminos crípticos, ofreciendo paraisos, que nunca verán, y continuarán creyendo que el próximo concretará lo que desean. Mudos, porque a que todo está dicho en el discurso y nada para agregar. Es perfecto.
¿Será entonces que?: Cada uno oirá dentro de sí, su deseo, y eso hará.
Cada uno sabrá por donde desea andar y donde llegar.
Cada uno dirá lo que siente y piensa a otro, y ese otro continuaría la cadena de voces.
A través de los siglos, en todas las culturas de cada rincón de nuestro planeta, si intentamos hacer una restrospectiva casi infinita, como se escribió no hace mucho en un libro, El gatopardo, "Algo hay que cambiar, para que nada cambie"
Más, en el fondo de mí, vive la Utopía.

MARTA C. SALVADOR





POETA DE LA TIERRA OCRE


.......................A Cecilia Glazmann. Escritora de la Prov. de Chubut


Mujer de la tierra ocre,
ha nacido otro hijo…
Esta vez, sin sangre,
sin venas.
Tu corazón asoló la espada
del verbo pulcro,
estirpe nueva.
Gran talla.
Dueña del secreto celeste.
Del gran arco que avizora
el cansancio púrpura,
de rojos atardeceres
sobre bardas color sepia.
Ahí; ahí has puesto tu alma,
Tus llagas infinitas
que perforan el cielo.
El vuelo de avutardas,
cántico que llora,
manos aladas
señalan ahora.
Chubut: ancho vientre…
Arrasa tu mirada,
poeta de la tierra ocre…

CAROLINA FALCÓN






LUNA LEJANA


De vuelta a casa
las calles dicen que
hace frío.
El rocío moja la
cara y el viento despeina
los árboles. Desde la vereda
los frutos
del cielo alumbran
las huellas que los ojos
van dejando sin querer...
A lo lejos el portón está cerrado
como si fuese un pimpollo
sin luz y nuevamente
la mirada apunta a aquel
gran ojo de luna.


CARLOS MARGIOTTA



AGUJEROS

En una época no muy lejana yo era fabricante de agujeros, sí. Tenía un pequeño taller en el conurbano bonaerense y, si bien no realizaba una gran producción, satisfacía holgadamente las necesidades de mis clientes. Había aprendido el oficio de mi padre, aunque él los hacía de medida, uno por uno y a gusto del comprador. Él los atendía personalmente, les tomaba las medidas y los dejaba hablar como en un confesionario para comprender la calidad de la hechura que debía hacer. Después, con suma paciencia, confeccionaba unos agujeros a mano de gran calidad. "No hay otros mejores, hijo, decía, si hasta el presidente Perón me mandó a hacer uno de luto para los funerales de Evita".
Yo, en cambio, me dedique a la fabricación en serie: agujeros para la construcción, decorativos, para puertas y ventanas, para botellas, tazas y pocillos, ojales de todo tipo y no sé cuantos más, pero nunca me atreví a hacer agujeros orgánicos. Recuerdo que en aquel momento el rubro que mejor andaba era el de repuestos de automóviles porque habían aparecido nuevos modelos.
A pesar de haber mucha competencia, el negocio daba para todos. En la cámara empresaria que nos agrupaba fijábamos los precios base de mercado, y de allí para arriba cada uno se las arreglaba como podía. Éramos parte de la industria nacional, decían los diarios, la que daba trabajo, la que engrandecía la Nación. Y yo les creía, pagaba mis impuestos, reinvertía en la fábrica, ampliaba el stock, diversificaba los rubros, y me endeudaba en dólares.
Mi padre por su parte, seguía haciendo agujeros a medida. "Son agujeros emocionales, verdaderos, son agujeros humanos, no como los que haces vos. Son los que la gente siempre va a necesitar", me decía. Él, con su poca ilustración, sostenía que todos perdemos algo, que donde hay una ganancia siempre se hay una pérdida y que por eso el negocio de los agujeros va a seguir funcionando. Pero su actividad fue decayendo lentamente, en parte porque eran muy caros y además ¿quién tiene tiempo de irse a encargar un agujero a medida y probárselo varias veces antes de llevárselo.
A principios de los noventa empezaron a entrar al país agujeros importados, muchos más baratos que los nacionales y de mejor calidad. Se vendían al por mayor en el Once y en los negocios de todo por dos pesos. Mis colegas empezaron a dejar de fabricar y se dedicaron a importar mercaderías. Yo seguía empeñado tercamente en la misma y me fui fundiendo.
Los productos globalizados eran tan sofisticados, tan insuperables y de una enorme belleza, que no parecían agujeros. Los había para fiestas, reuniones sociales, para el trabajo, para regalo, uno para cada ocasión. Los había disimulados, ocultos, camaleónicos, sin costuras, con música, con películas y los más atrevidos con juguetes sexuales. Los más vendidos eran unos de origen chino de la marca TODO BIEN, que venía sin fallas. Todo el mundo parecía feliz, nadie tenía problemas, todos sonreían, estaban arriba, se había acabado el sufrimiento. Todos vivían tapando sus agujeros.
El dólar valía un peso, la gente viajaba a Europa, se compraba un auto, cambiaba el departamento, mientras que la mitad de la población descendía rápidamente al túnel de la pobreza. Yo cerré la fábrica y clausuré mis sueños. Ahora me dedico al negocio de la reparación de agujeros y trato de descubrir los propios ayudando a los demás a encontrar sus agujeros perdidos.
El mes pasado se murió mi amigo Derlis Maddonni, nuestro querido dibujante de la revista, un artista excepcional y una mejor persona. Al enterarme fui corriendo al baúl de los recuerdos que me dejara mi padre y busqué un agujero así de grande para ponérmelo en el pecho. No sentí ninguna vergüenza, sólo el orgullo de haber sido su amigo. ¿Para qué ir disimilando tanto dolor?

PERE BESSÓ


EL PAJARERO DE LAS MANOS VACÍAS

..........................A Encarna Sant-Celoni

Aterido, como un pájaro inocente, te consumes
en este balsón de las almas en pena,
mirlo de las nubes negras,
adamantino,
como el ala de las aguas,
en la caída misma la imperfección de los tuyos,
vítor del amor de cordillera,
mientras engulles el linaje umbrío del país que te resuella,
el muérdago de la liga,
el alambre,
el cercado,
la línea de barra indefinida en un horizonte de presagios,
la espuma de mar adentro de birra caliente en la balada de Tom Waits
o el bies de las enaguas del mirlo en el paseo de los lirios hediondos
del atardecer,ajas y amargas las mejillas del tiempo de las acerolas
con agua de borrajas en esta sentina derrocada
de la calle de Arriba del barrio del Carmen,
pero siempre al acecho de los cangilones de los vicios pequeños.
"LES ROSES DE LANCELOT"
(2006)

JOSÉ REPISO MOYANO






PUEDES


Como el mar puedes echarme
el agua desde tu sangre.


Como el Sol puedes decirme
los caminos que tú sigues.


Como el volcán florecerme
ayer, hoy, mañana y siempre.

GUSTAVO TISOCCO






Caen las hojas en las veredas,
por elevar vuelo se escapan de sus gajos.
Las ramas inquietas perciben el adiós.

El otoño se vistió de borceguíes y un manchado traje verde,
calzó sus lentes oscuros, tomó el fusil
y arrasó cipreses, ombúes y fresnos.

Aúllan por la acera las tristes ninfas
diezmadas en color amarillo,
resquebrajados suplicios
emergen mientras sucumben.

Ahora es invierno en las calles.
Un viento frío supervisa los bares, las iglesias, las plazas,
no sea que aparezcan nuevos brotes.

Desaparecieron las hojas,
nunca más primaveras ni risas juveniles,
solo flores de plástico en el jarrón del lujoso escritorio.

DIEGO M. (cruzagramas)






INSTRUCCIONES PARA CARGAR EL CELULAR

..............un humilde homenaje a Julio Cortazar; espero no haberlo ofendido


Pensá en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno parlante, una cadena de mensajes, un calabozo de ringtones. No te dan solamente el celular, que los cumplas muy felices y esperamos que te guste porque es de buena marca, con cámara de fotos, mp3 y blue tooth; no te regalan solamente ese menudo aparato histérico que te atarás a la cintura o a la cartera y pasearás orgulloso. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de vos mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda como una garrapata desesperada prendida de tu carne. Te regalan la necesidad de cargar su batería todas las semanas, la obligación de tener crédito para que siga siendo un celular; te regalan la obsesión de mirarlo a cada rato para ver si tenés un mensaje, de ponerlo sobre la mesa en una reunión por si recibís un llamado. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan el de tarifa más baja y el de mejor señal, te regalan la tendencia de comparar tu celular con los demás celulares. No te regalan un celular, vos sos el regalado, a vos te ofrecen para el cumpleaños del celular.

jueves, 22 de noviembre de 2007

MARCELO JUAN VALENTI




ENCINAS


Ornamentadas con ahorcados,
negra exhibición de lenguas.
Las niñas muertas
los azuzan
con ramos de magnolia,
les incrustan
en la frente
un furioso rubí.
Se rasgan con desazón
los pétalos
en el macizo de rosas.
No toleran
la contemplación
de esos ojos reventados,
el vaivén de los cuerpos,
el almizcle recogido
en ánforas
de estaño.
Todo mi ser se sublima
entre las lajas
de la otra orilla.

VICENTE RODRÍGUEZ NIETZSCHE



TRES CIUDADANÍAS...



No acepto tres ciudadanías.

Me basto con sólo dos;

las que todo hombre querría.



La de mi tierra borinqueña

y la de los cielos,

en la otra vida.


No quiero más estrella que la mía,

ni más nacionalidad eterna

que la celestial ciudadanía...


Puertorriqueño

Puertorriqueño

viernes, 26 de octubre de 2007

JORGE LUIS ESTRELLA

POBRES PALABROTAS

Los nuevos informes de los astronautas
dicen que la luna está en la gran flauta,
que la flauta tiene varios aujeritos
y que no es lo mismo la flauta y el pito.
Al pito lo toca un tipo en la cancha
mientras hay tribunas llenas de avalanchas
y si muere alguno paran la pelota
y se oye un silencio y una palabrota.
Y una palabrota, siguiendo las pautas,
parece el informe de algún astronauta
porque la tierra, la luna y marte
y todo planeta que esté en cualquier parte,
sea grande, pequeño, con sueño o sin sueño,
con ONU y OTAN, con dueño o sin dueño,
está hecho a palabras, simples o compuestas,
a palabras chicas, grandes o grandotas,
pobres palabritas, pobres palabrotas,
a blancos con mitos o negros con motas,
a marcianos sanos o con la viruela,
a niños y niñas camino a la escuela.
Los diarios con letras y con dibujitos
nos dan la noticia de los astronautas
y cual los mateos y los organitos,
aquellos billetes de quinientos pesos,
los rizos, los rezos, los visos, los besos,
pasaron de moda los hombres poetas,
los tranvías y las bicicletas,
las estalactitas, las estalactitas,
como no se usa no sirve la zeta
y la luna luna pasó ya de moda

y sólo nos resta tomar todo en joda.

MARCELINO MENÉNDEZ


UN ESCAPE

Mientras cigarras y grillos estridulan
interrumpiendo la noche silenciosa y quieta,
en mi mente surge un rumor de límites
como luz separada por un hilo de sombras,
ocupando un lugar en el tiempo.

Lo hace con ideas que tienen
su contradicción interna, hasta alcanzar
lo absurdo y me hacen sentir
como si estuviera en espacios no definidos,
ante precarias alternativas y presagios
recurrentes de incertidumbre.

Pero es, en ese caos interior de desconcierto,
cuando llega a deslizarse la calma,
que me conduce poco a poco al equilibrio
perdido y me traslada sin paliativos
a la serenidad y al encuentro de lo sensato.

El hilo de sombras desaparece y se mitigan
las estridencias nocturnas, recuperándose
el silencio y la quietud.

Todo ha sido sólo el amago de un escapismo…
ooooOoooo
LO ANHELANTE


Mayo es buen tiempo; la tarde tranquila,
la agradable brisa y el intermitente canto
de un mirlo cercano, hacen estos momentos
placenteros.

Sigo en mi ventana; escribo lo que siento
a la luz de un limpio azul entre los
verdes de la enredadera; y creo en lo esencial
que es hallar cualquier cosa que haga grato
el vivir y todo aquello que vista de emoción
y sentimiento el color, el aroma y la forma,
aunque fueran verdades mentira o mentira
verdades, pero donde evites el tedio
cuando el ruido calle , la luz se apague
y la oscuridad te impida ver.

Hallar la fuente de la inspiración en la musa
placentera de Euterpe y transcribirlo, buscando
la manera profunda y propia de hacerlo
y con ello activar la forma fácil y natural
de la energía y la esencia, modificando
lo que está quieto en un rebullir
constante de lo intangible.

Y, las palabras emergerán…

Murcia, España


viernes, 12 de octubre de 2007

CORA STÁBILE

YO, EGLE


Llegué a Buenos Aires a mediados del mes de abril en uno de esos años de la agitada década del setenta.
Nací casi sin pelo, esmirriada y enclenque, única hembra de una camada de cuatro pequeños gatitos.
Mi dueña decidió llamarme Eglé, un tiempo después supe por qué: ese era el nombre que Horacio Quiroga le había puesto a su primera hija y él era uno de sus escritores preferidos (escuché esa historia una tarde en que yo reposaba sobre su falda y ella charlaba con una amiga).
Me gustaba mucho tomar leche y corretear tras las pelotitas de papel que los chicos hacían para mí, pero lo más lindo era jugar con los ovillos de lana del canasto cuando Doña Elisa tejía sentada cómodamente en el sillón de mimbre que ubicaba dentro de ese cuadrado de sol que entraba por la ventana. Yo muchas veces me echaba en el sillón verde simplemente para disfrutar de los cálidos rayos dorados.
Fui creciendo amparada por los tiernos cuidados de mi ama y jugando entre las piernas de Fede y de Nico.
Cuando comenzaron a suceder cosas extrañas en mi cuerpo me sentí inquieta.
Un día aparecieron unas gotitas rojas en el piso y yo rápidamente pasé la lengua y las hice desaparecer, tenía miedo que se enojaran conmigo.
Una noche escuché el imperioso y lastimero llamado del gato del vecino, sin dudarlo fui a su encuentro. Una inmensa luna llena iluminaba la azotea en la que nos encontramos:
allí conocí el amor.
Mis maullidos eran cada vez más agudos y yo no podía evitarlo, el dolor y el placer habían hecho presa de mí.
Al poco tiempo advertí que empezaba a engordar en forma exagerada y sentí vida creciendo en mi interior.
Un tiempo después nacieron tres gatitos que se me parecían mucho, supe que había sido madre y los cuidé con amor; los amamanté con placer, felizmente mis amos no nos separaron, pero a los treinta días del nacimiento comencé a sentirme enferma, casi no podía caminar y me dolían hasta las uñas.
Una noche serena que presentaba un cielo tachonado de brillantes estrellas y con una hermosa luna llena, como la de la primera vez, me acosté junto a mis hijitos que se acurrucaron cariñosos a mi lado. Al rato me dormí profundamente y nunca más desperté.

martes, 2 de octubre de 2007

ADRIÁN N. ESCUDERO

EL NIÑO DEL MAR
A los Sueños.
Y a los que, como mi padre, D. José Manuel
Agustín, jamás dejaron de intentar hacerlos realidad...

En especial, a la colega escritora, Norma Padra (Revista
“Papirolas”), amigados junto al espejo, ora sereno, ora tempestuoso
del mar de los sueños y de la imaginación, símbolo de la eternidad
buscada por el hombre en clave de libertad…
Fraternamente…
Adrián N. Escudero (22-09-2007) -Santa Fe-
Argentina


El mar.
De las arenas penumbrosas de mi memoria vino aquel recuerdo.
Quién sabe qué extraña brisa sopló sobre ella y, una tras otra, el polvo amarillento de los años rezumó las palabras por los intersticios del tiempo, anárquicas e inseguras –al principio-, ordenadas y sensibles –después-, hasta pergeñar mi imagen de niño solitario discurriendo sobre las arenas mansas –al principio, pero luego agitadas-, de otra realidad.
Arenas de las playas del mar al que continuamente visitaba, como quien visita a su mejor amigo, pues el mar era mi amigo, y era sabio e inconmensurable como el fondo y matiz de las verdades que mi alma perseguía...

“Había sido una larga búsqueda”, diría él.
Hablo de mi padre.
Pero el niño miraba el mar y el mar miraba el niño, y lo hacía con un millón de ojos de espuma, y el niño llamaba al mar y el mar llamaba al niño con otro millón de bocas chorreantes, y el niño saludaba al mar y el mar saludaba al niño con otro, y otro, y otro millón de olas de aplausos y chasquidos, y el mar comenzaba a cantar y hacía cantar al niño, y ambos esperaban la somnolienta oquedad de la noche para despedirse, el niño brotado de sal y de una humedad nueva y nutriente, y el mar humanizado, después de correr como los hombres, de hablar y cantar, de gritar y soñar como los hombres –pequeños-, como los niños de enero que descubren, ¡al fin!, que están vivos...

Del polvo seco y acre de un vetusto cajón de escritorio de antaño, forjado en la madera misionera y olorosa del peteribí, brotó aquel recuerdo.
Fue en aquel día que papá preguntó, grave pero amablemente: “Hijo, ¿a quien preferís? ¿A él o a mí?”.
Y hubo de repetirlo tres o cuatro veces al menos, porque el mar, advertido acaso, fermentaba al unísono ecos de lluvias antiguas y cántaros de adobe que se rompían en mis oídos, ahogándolos en la dimensión de la nostalgia.
Es que me había encontrado nuevamente –como tantas veces- feliz, mirando el mar, y sus aguas de toboganes elásticos sabían de mi alegría por él, y se movían ansiosas queriendo atraparme. Y yo me sentía hermoso y sublimado, con unas manos suaves y sacerdotisas que tomaban puñados de arena como incienso ofrecido a la brisa perenne del mar, y una especie de lluvia de oro de sol quedaba prendida -a mis cabellos cortos y negros- como la mirada abismal de aquel soberano manto de agua viva...
Y me sentía solo con mi cuerpo desnudo ante la tibia inquisición del sol. Sin voces de advertencia, adivinando el futuro de mis pensamientos. Libre y liviano. Volando sobre las cadencias verdes y brillantes, verdes y azules, verdes, azules y calipsas, navegando mi sombra, estremecido... Día por día. Esquivando nubes errantes.
Hasta el próximo grito.

Sí, había sido una larga búsqueda diría como siempre en tanto él...
Hablo de mi padre.
Sólo que esta vez comprendería y no habría muslo dolorido ni reproches ni ojos mojados con un agua extraña a la mansa liquidez del mar.
Había comprendido, por cierto, lo que él significaba para mí frente a ese otro él, es decir, el mar y sus doncellas maternales. Y trataría de explicármelo.
Y dijo que él no era otra cosa más que... la realidad: casi una máscara forzosa que apenas atinaba a sonreír con la amorosa hipocresía del que ama pero sufre. Las arrugas de su rostro empecinado lo signaban irremediablemente.
El mar, en cambio, dijo, eran mis sueños... Mi paraíso personal. El cúmulo anhelado de mis más recónditas querencias. La amplitud de la libertad de mis objetivos. Aunque yo intuyera sólo esto. Nada más. (Diez años es poco tiempo para obrar de otro modo).
Y allí estaba. Tan sereno y superior, que hasta el sólido mar calló, luego del tercer llamado.
Pero no venía a traicionarme. Venía a obsequiarme el regalo de su dolida, más, al cabo, sabia adultez...
Y esta vez dijo:
“Quiero ayudarte a navegar, Gustavo. Hijo, digo, si querés, claro”. (“¿A quién preferís?”, resonaba en mi mente todavía).
“Tengo un barco”, agregó. Y me ayudaba. Lo hacía de veras.
El mar chilló entonces al darse cuenta, y, no muy convencido, dijo no obstante: “Andá con tu padre. Es humano como vos. No dudés. Andá con él...”.
“Pero...”.
“Construí un barco. Un pequeño barco para navegar”, insistió papá.
“¿No entendés aún?”, clamó el mar. “No hay necesidad de elegir. Tendrás que aceptar su propuesta porque no podrás dejar de ser hombre, pero si navegas en mí, tampoco abandonarás tus sueños... ¿Comprendés? Y ya no se agitó más.
“¿Un... barco?, sonreí.
Y esta vez, insisto, ya no hubo enojos ni muslo dolorido. Sólo la amable conferencia que terminó por aclararme lo que el mar había tratado, a su sabio modo, de explicarme. Sobre la vida, claro.
“¡Corramos!”.
“¡Sí!” .

Pero papá se fue pronto. Al mundo de lo invisible, creo. Y quizás eso, o la costumbre de ver al mar ir y venir bajo mis pies, o el no haber aprendido a tiempo a navegarlo, el hecho es que aquí estoy...
Era yo muy chico por aquellos días.
Ahora no. Ya no.
Ahora soy viejo (más que mi padre por aquellos mismos días). Y no tengo mar.
Tampoco niños que buscar sobre la arena, mientras sopla una brisa que regresa el polvo amarillento de mis años, al vetusto cajón del escritorio de madera misionera y olorosa, de donde habían brotado esos recuerdos...
Sin embargo, no he perdido la esperanza que, de pronto, algo bueno suceda. Aún conservo la maqueta del barco de papá, y puedo volver a construirlo.-


CARLOS MARGIOTTA

LA NOCHE ANTERIOR
Amanece, lo anuncia el tren de las seis y cuatro atravesando el barrio, como un río torrentoso. Las vías de metal, crucificadas sobre los durmientes de quebracho resignado, crujen junto al trueno de la máquina diesel que grita al detenerse y al partir de la estación de chapa y madera que se esconde entre los edificios clavados en la orilla de la avenida principal, y las casas desparramadas entre la arboleda como dados arrojados al azar por un cubilete gigante.
El sol cuadriculado, cae sobre el ventanal de la habitación que da a la calle, estrellando sus rayos amarillos sobre el cubrecama de dos plazas y penetra a través de los agujeros simétricos de la cortina desenrollada hasta el piso de baldosas oscuras. Después, el barrio se llenará de otros ruidos, los camiones cargados de mercancías, los coches esquivando las arrugas del pavimento, la gente esperando en grupos alrededor de las paradas de los ómnibus, yendo hacia el trabajo cotidiano, y los niños alborotando en la esquina del colegio.
La mujer subió por la estrecha escalera del tren de las seis y cuatro, llevando un bolso de tela azul colgado de su hombro derecho, y un atado de ropa en la otra mano. Caminó por el pasillo del vagón vacío de pasajeros, y en la mitad de su recorrido se acomodó en un asiento junto a la ventanilla, apoyó el bolso en el piso y lo sujetó el atado de ropa entre sus piernas sosteniéndolo contra el pecho con los brazos cruzados. Su imagen joven se reflejó en el vidrio salpicado de gotas secas de lluvia, mostrando el hermoso rostro alargado con su nariz delgada a la sombra de sus gruesas cejas de pelo negro que a él tanto le gustaban. Sus labios de curvas tristes le habían dicho en la noche anterior: "Me voy porque tengo miedo", ese miedo perdido y recurrente que de pronto la asaltaba como una ausencia, alejándola del hombre con la que se sentía feliz.
Entrecerró los ojos profundos y vio el camino desértico que la llevaría al pueblo de su infancia, vio a su madre enferma de recuerdos contando cuentos desde el sillón de paja (los cuentos que le contara Enelda), vio a sus sobrinos jugando a la guerra con fusiles de madera en el patio de tierra humedecida, vio la tumba de su padre, vio su regreso por la misma vía cansada, y escuchó el sonar de la campana de la vieja estación, y el empujón seco sobre el pecho rompiendo la inercia del tren oprimiendo su espalda contra el respaldo del asiento.
En ese mismo instante, el hombre bajó de la cama donde estallaba el sol, enrolló la cortina del ventanal y lo abrió de par en par para respirar profundamente antes del primer cigarrillo. Los perros del vecindario aullaban unos con otros entre los restos de una bolsa de basura, como en un coro desafinado. Estaba de mal humor, enojado consigo mismo, tal vez, por no haberla acompañado a la estación de tren como ella se lo había pedido esa noche. Se rascó la barba con las dos manos frente al espejo adherido en la puerta central del ropero de roble, y sintió el peso del día naciente con sus obligaciones, y las ganas (él también) de escapar de la rutina del hospital en esa ciudad tan querida que últimamente lo agobiaba tanto. Prendió la radio portátil cuando la locutora de voz monocorde leía las noticias como una oración mil veces repetida. Caminó hacia el baño entre bostezos, donde lo esperaba una ducha caliente. Guardó en el botiquín empotrado entre lo azulejos, la cajita de polvos multicolores con la que ella resaltaba sus mejillas tiernas y el cepillo de cerda para alisar su pelo ondulado. Quizás los había dejado allí a propósito, para que recordara de su presencia entre otras cosas desordenadas cuyo uso desconocía. "Siempre te estás yendo", le había dicho sin rencor la noche anterior, mientras se quitaba la ropa antes de acostarse desnudo junto a la mujer que lo invitaba a acariciarla en toda su inmensidad abandonada sobre la sábana hasta el final sin aliento. Después de todo, pensó, ella siempre volvía a su cuerpo encendido como en eterno retorno porque a pesar de todo, él sabía que lo amaba. Sin embargo, en ese otro lugar que habita entre la razón y el instinto, presentía que esa noche sería la última.
El tren se fue alejando de la ciudad y ganado kilómetros en el paisaje árido. Ella, entre sueños, creyó verlo correr por el andén tratando de subir al vagón para decirle lo que siempre había querido escuchar: "Quiero tener un hijo tuyo". El guarda le toco el hombro y le pidió los pasajes. La imagen se apagó abruptamente como su deseo. Esta vez, en el fondo de su intimidad, sabía que no iba a volver, y se sintió un aliviada.
El trabajo en el hospital transcurrió entre urgencias quirúrgicas, los reclamos de abastecimientos medicinales, la atención de los pacientes, y la preparación del personal auxiliar para un alerta sanitario que lo distrajeron del recuerdo durante la jornada. Al atardecer, mientras tomaba un café, pensó en ella. Se vio corriendo el tren desesperado y subir al vagón donde la imagen de ella se reflejaba en la ventanilla salpicado de gotas secas de la lluvia, y pedirle que se quedara para siempre.
El sonar de las sirenas lo volvieron al presente, apenas tuvo tiempo de dar algunas órdenes cuando el cielo se cubrió de aviones. Las primeras ambulancias empezaron a llegar una hora después del bombardeo, cuando el hospital ya estaba a oscuras. Se rascó la barba frente al espejo colgado encima del lavatorio de la sala de operaciones mientras traían a un herido. Vio en su rostro correr un brillo como una lágrima, y se puso los guantes de látex cuando estalló el primer misil.

CORA STÁBILE

EL SOMBRERO



Era una familia numerosa. Un matrimonio de clase media acomodada con seis hijos, tres de ellos mujeres (muy distintas entre sí).
Cuentan que la mayor, de nombre Ofelia, se parecía a Marlene Dietrich, era alta, delgada, rubia y muy bonita.
Se sabe también que Roberto Arlt había quedado prendado de ella y trató en vano de lograr su atención, es que el corazón de la joven ya tenía dueño: un médico neurólogo con el que mantenía una relación formal con fecha de casamiento establecida.
Pero, sin embrago, el destino de la pareja sería muy diferente al que ellos habían planificado.
Un día Eugenio, el novio, que estaba haciendo su guardia semanal en el hospital, se sintió mal. Fue atendido de inmediato, pero un aneurisma había estallado en su cabeza y no pudieron salvarlo.
A partir de ese día Ofelia, la del nombre de protagonista de novela clásica, comenzó a usar ese sombrero negro de ala ancha con un velo que cubría su hermoso rostro.
Ella no apuró su final, pero se encerró en sí misma, nunca más se sacó el sombrero, aceptó resignadamente su destino y siguió su camino, moviéndose sólo en ese mundo que armó a partir de la muerte del ser amado.

RICARDO ALLIEVI

LA MARIPOSA


Grácil, liviana, suave y colorida, en la descolorida Villa, se detiene y aletea en el nylon que reemplaza el vidrio de la ventana.
Abre y cierra lentamente sus alas, cansada de volar en el lugar sin flores para llamar su atención porque no sabe de qué otra forma hacerlo.
La niña yace en la cama de la casucha prefabricada con chapas, maderas y cartón. Sus ojos están abiertos de hambre que le hace un nudo en el estómago, y le rezonga. Gira la cabeza buscando el trozo de pan y el jarrito de mate cocido que hoy no tiene.
Ve a la mariposa afuera, en el momento que entra por el agujero de la ventana para distraerla.
No se olvida del hambre, pero por un momento, es como un juguete que tampoco tiene.
La mariposa baila para ella y ella sonríe. Va, viene, sube, baja. Da vueltas... y se frena de golpe. Interrumpe su vuelo cuando choca y queda adherida a los filamentos que se enredan sus patas y sus antenas.
La vibración de los movimientos para liberarse, despierta a la carcelera al acecho de una víctima en su tela. Se descuelga por un hilo una araña negra que la atrapa con su hilo gris.
La mariposa pierde toda su gracia, pesada y áspera, se diluye su colorido y, al rato, muere. La araña se prepara para comérsela.Para la niña es un sueño que ya fue. Pierde el juguete que la distrajo un rato, haciéndole olvidar su hambre. Ahora vuelve a volar y revolotear en el estómago, como la mariposa, en pleno sol del mediodía.

JUAN CARLOS VECCHI

OCHENTA PISOS



La mujer gorda y peluda del circo desafió al mago a que éste no lo encantaría, pero el mago dijo "poc poc" (apoyando el puño sobre la frente velluda de la atracción femenina), y la convirtió en una preciosa osa de peluche marrón con un moño rojo atado al cuello.
El ahora novio de una osa de peluche, quien era una de las cabezas que el domador usaba para demostrarle al público que los leones del circo estaban bien alimentados, habiendo presenciado la transformación con una sonrisa de oreja derecha a hombro izquierdo, le preguntó al mago si era capaz de hacer desaparecer a dos payasos, a cierto número de perros malabaristas y, por supuesto, al domador.
El mago respondió que él podría enseñarle la forma de hacerlo, pero le dijo que debían viajar juntos a una isla remota del mar Egeo. Allí se encontrarían con un mandril mágico, de nombre Florindo Belgo, quien por 30 dólares y dos kilogramos de bananas con sabor a frutilla, enseñaba ese tipo de artilugio mágico.
El hombre lo pensó durante algunos minutos y, sin decir "tierra vuelve", prefirió entonces realizar una peregrinación con sandalias hawaianas a República Dominicana, haciendo una breve escala en un casino de Punta del Este, Uruguay, donde puso todas las fichas, mitad y mitad, al color negro y al color rojo - pensó que jugando así, al menos saldría hecho - , pero menuda sorpresa se llevó cuando el tirador exclamó:
- ¡Verde bermellón el número romano XXIV!
Treinta años después, prisionero de un melancólico aliento felino, este señor regresó al circo, pero el circo ya no estaba. En el lugar, ahora se levantaba un edificio de ochenta pisos.
Sin saber por qué lo hacía, comenzó a contar los pisos.
Al ratón, porque el rato tiene cola corta, y habiendo retrocedido lo suficiente para que sus ojos llegaran al último piso, confirmó diciendo:
- Sí, son ochenta pisos.

lunes, 1 de octubre de 2007

JORGE LUIS ESTRELLA

COLÓN

Doscientas embarcaciones
parten rumbo a América
pero esta vez
los indios están preparados.
Un mapuche comenta con un apache
el mal uso de la hache en un afiche.
Un chibcha sabe
que hasta Dios sólo es bueno
si dejan que lo sea.
Un guaraní piensa en Anahí
y se hace pi pí.
Un mataco mata codornices
y dice que se prepara
para la guerra.
Un sanabirón sana
de su viruela boba
y contrae una inteligente.
Un navajo se enamora
de una navaja oxidada.
Un Inca consume
productos Arcor.
Una azteca me sacrifica
y luego me critica.
Una toba exagerada se retoba.
Una maya nudista se desmaya.
Un comechingón se atraganta.
Los diaguitas y los querandíes
tienen menos guita
y son muchos menos.
“¡Qué bien que la pasé!
-dice un navegante
luego de bajarse de La Niña.
Un tehuelche
se toma cinco minutos
y se toma un té.
Un ona no perdona
a los que no perdonaron la cultura indígena.

HÉCTOR BERENGUER

JUEGOS


En el interior de este juego
seré siempre el mismo
como un ojo de cristal
cautivo en su mirada fija.
Las formas que modelo
son arena en el viento,
aire que cruza el espino
salvaje y dulce.

Juego para salvar el mundo
sin ningún esfuerzo
(todo lo puede un niño)
vivir es un momento
sin agonía
que hay que imaginar eterno.
Creer o no creer
mientras sucede todo…

Así borro las huellas
que me llevan a otro mundo
como un aleteo de mariposa
solo y descalzohasta perderme.

RAÚL ACOSTA

Anatomía

El corazón emplumado.

Escribió ésa frase y se dijo: ¿ para qué? .

Decidió tacharla.
Pensó mejor, el aprendiz de
escritor pensó, se dijo:
no hay plumas en el corazón,
de no mediar un vuelo.
Corazón violador. Hum.

Emplumado corazón...
Esto es ilusión,
un simple cuento.
Así comienzan las historias.
Nadie vende finales sueltos.

El corazón emplumado es otra cosa.
No la frase, el sujeto mencionado.
La ambigüedad definitiva.

Recordó que una mujer, enamorada,
en mitad del nubarrón
no llora, espera que la mire
su amado y se dijo, nuevamente:
hay registro del corazón humedecido,
no hay vuelo de corazón alguno
en la nieve, en los aguaceros,
en las tormentas de viento.
Las lluvias, las lágrimas
van por fuera, en otro andarivel.

Se alude aquí a un corazón
desamorado. Peligro. El suspiro,
el sexo,el adiós lo conforman.
Es la sola manera.

No hay plumas en todos los corazones,
eso no es cierto. Hay certezas.
Esto se observa en todas partes.
Se va entendiendo.

Quiso saber, en las enciclopedias
podía estar el dato, de algún vuelo
de un corazón alado, de los blindados
corazones que resisten
el humo en las ciudades,
Los brindis, las despedidas, las torpezas
de las inauguraciones, del afecto
que suele atormentar el pecho
( allí el corazón ) y complicar. Buscó historias
en libros jóvenes y viejos. No juntó palo,
no ligó. Anduvo inquieto.



El corazón emplumado no se ha olvidado
en los hoteles, en trenes, en desvanes.
No hay retrato. No dan razones buenas

Los niños suelen reir en los cines,
frente a los dibujos de la tele
pero son eso: sonrisas dibujadas.
El corazón de los niños no está en juego.
Si vuela ya se sabe.Vuelve.

Conclusión con riesgo, imaginó.
No se debe tomar como segura
la moraleja del corazón que vuela.
Que vuela y cae por descuido,
tristeza, desencanto. Es una frase.

El corazón emplumado es una infeliz
llegada. Un puerto que desdeña las alas
puede esperarlo días enteros. No vendrá.

Lástima, concluyó. No era una mala idea.
Un corazón emplumado viaja solo.
Eso es bueno.

Veremos mañana este asunto
de la inspiración poética.
Mañana toca manos,
manos que baten palmas.
Ya veremos.
Hay mucha desilusión en el ambiente.

JUAN JOSÉ MESTRE

RETAHÍLA



Memoriosos los pájaros que caminan el cielo con alas rotas graznido en furia atemporal de lo brumoso sibilino augurio rasgando heridas aún no heridas se escapa un día y otro y otro y otro y nada nuevo bajo la timidez espasmódica del sol ya moribundo


ooooOoooo


IRAQ




Locura cósmica que ruge entre las llamas. Cuerpos calcinados, sangre fútil en la calma maliciosa de los odios, acre viento esparciendo ignominia con textura de cenizas. Guerra santa en la voz de la afonía que instala la metralla. Hierro y adobe rancio se filtran en las mutilaciones del ocaso. Cercano y a lo lejos, llanto y más llanto: símbolo fragrante del hombre convertido en masacre.




ooooOoooo


LOS AFANES



Inmortal, soberbio de humanidad resquebrajada, pago mis deudas con premura de errabundo para seguir el llano camino del vacío. Compulsivo jugador de poca monta, tiro mis fichas con desprecio, casi asqueado del paño por donde resbalan lágrimas escondidas de vergüenza. Y a este lúdico deambular que sojuzga ilusiones y utopías, pretendo enmendarlo con mis afanes desechables de poeta.


ooooOoooo

domingo, 26 de agosto de 2007

GERARDO DE BRASI

EL PAJARO CANTA HASTA…

Charcos sobre el barro
el pasto recién cortado desparramado
el viento se desinflo de tanto soplar
y las nubes al sol no dejan asomar.

Las palomas buscan su comida
caminando presurosas por la vereda
esquivando hojas y flores:
no leen libros de amores.

Las palomas levantan vuelo
asustadas por los ladridos caninos,
los espían desde las ramas mojadas
sufriendo ven como se comen su comida.

Los pájaros invadidos por las palomas
desafían con su canto a los ladridos
quieren hacerse escuchar
como los que salen a las calles a reclamar.

Su canto desde lo alto es sostenido
palomas y perros: aturdidos
obligados a huir despavoridos
dejan la plaza desierta.

Solo los pájaros quedan en ella
y bajan de los árboles a disfrutarla
apenas la noche y la lluvia los detienen
por eso vuelvan y cantan alegres.

jueves, 23 de agosto de 2007

RUBÉN VEDOVALDI

HAI-KU X7


Prima el verano
Abrazos, risas, besos
Enamorados.



Mis ojos gozan.
Beso, lágrima, orgasmo.
tu flor los toca.



Octubre, el río,
Velámen que se pierde
en infinito.


Palomar alto.
Campo, siesta; Infancia
de los milagros.



Bajo la luna
mujer oscura y clara
florece en besos.



¿Uno se piensa?.
Quien solamente ama
más se compensa.



Uno no vuelve.
Lo que no tiene cifra
nunca se pierde.


ooooOoooo

RAÚL ACOSTA

REINICIO


El hospital de veteranos de guerras,
cataclismos y desdichas,
está a pleno.
Un niño, visitante, se ha quedado
y nadie pregunta de quien es.

Alegrías, alegrías,
juegos, morisquetas.
El pequeño debe ser feliz,
dicen los viejos,
y se apresuran con juguetes,
trozos de pan, alambres,
finalidades nuevas
para la vieja materia.

El niño pregunta
sin dobleces:
que es una bomba, que es.

En la sala del hospital
de veteranos
el silencio convoca la certeza.

Ay, va a comenzar de nuevo, ay,
va a comenzar de nuevo.



"Testigo"

martes, 21 de agosto de 2007

CECILIA GLANZMANN


PERSISTIR

He de persistir
como el faro aquel de nuestras costas
enhiesto, solitario,
arrullado por las tempestades
y los soles.

He de persistir
con mi valija de gnomos
guardianes desde siempre de mis sueños
los sueños que caminan y caminan
con los haceres que me dicta el alma
cotidianos
y que son los que me susurra
el ser.

He de persistir
con la soledad acompañada
que agradezco
con el acompañar a la soledad de los otros
con la pura soledad que me conversa
y me encuentra, bien adentro

he de persistir
aunque me canse
en este acelerado desasirse de los lazos
desasirse de los nudos
de los enredos promiscuos del apego.

He de persistir
contigo, hermano, en este tiempo.



“LIBERÁNDONOS”
Premio Corona del Poeta, Eisteddfod del Chubut, 2002
ooooOoooo


JUGLARES DEL SILENCIOA los habitantes de los pueblos originarios y a los
Inmigrantes, en el sur argentino y en el mundo.

El silencio habita vastedades
como las de esta altiva y cósmica meseta.

A veces, un cultrún reinaugura
la cíclica plegaria,
y rogativas mapuches y tehuelches
se hermanan con la fauna perseguida
y con humanos y no humanos seres.
Se hermanan
sobre todo
con la tierra.

A veces, el sueño de un arpa
o el de un órgano,
o el de una pianola o de un violín,
y a veces también el sueño de una guitarra
o el de un acordeón o una quena
traen otras plegarias

y el silencio guarda los valores mancillados
de uno y otro lado de los ruegos.

A veces son coros, o apenas un suspiro.

Por las culpas ajenas , asumidas,
intentan un perdón por lo no hecho
los que llegaron y llegan,
emigrados.

Sólo son los que escuchan el silencio
como un rezo bendito de esta tierra
los que extienden sus manos
y, dando gracias,
elevan, enraizados, la esperanza,

A veces, ya más veces...
la paz late posible
sedienta de caminos.

La luna india vigila en el cielo transparente
como el agua del Chupat* recién nacido

y cada ser respira
en el regazo de la cósmica meseta
el silencio liberado.



Libro trilingüe: “JUGLARES DEL SILENCIO”, (2007)
“Chupat : río Chubut (voz tehuelche septentrional, en Patagonia)
Mención de Honor de Corona del Poeta, Eisteddfod del Chubut, 1996 y en Certamen Literario de SADE, Azul, Buenos Aires, 1996.

MARTA C. SALVADOR


POETA DE LA TIERRA OCRE


A Cecilia Glazmann
Escritora de la Prov. de Chubut


Mujer de la tierra ocre,
ha nacido otro hijo…
Esta vez, sin sangre,
sin venas.
Tu corazón asoló la espada
del verbo pulcro,
estirpe nueva.
Gran talla.
Dueña del secreto celeste.
Del gran arco que avizora
el cansancio púrpura,
de rojos atardeceres
sobre bardas color sepia.
Ahí; ahí has puesto tu alma,
Tus llagas infinitas
que perforan el cielo.
El vuelo de avutardas,
cántico que llora,
manos aladas
señalan ahora.
Chubut: ancho vientre…
Arrasa tu mirada,
poeta de la tierra ocre…

domingo, 19 de agosto de 2007

GUSTAVO TISOCCO

Ahí
donde juego a la rayuela
y con mis hermanos nos escapamos al río
a embriagarnos de fábulas.
Donde a lo lejos diviso todavía
al indómito tren de aquella estación.

Ahí donde nazco y perezco
según otoños que encarcelan octubres,
donde la música del viento
me recuerda aquellas calles, aquel pueblo.

Ahí donde no hay almanaques
y conservo aún los ojos tristes de mi perro.
Donde el circo luce su carpa reluciente,
donde salgo al recreo
donde me invaden perfumadas mandarinas.

En ese lugar donde tener memoria duele,
los muertos parecen latir
sin vejez, sin andamios.
Donde habitan también tantos desamparos,
niños de cartón, mujer desgarrada.

En ese lugar donde hay un país vencido y mutilado,
palomas bombardeadas,
clausuradas plazas, iglesias infames.

En ese lugar,
ahí, en mi paisaje de adentro,
mi casa aún es refugio

mis manos palabras.


ooooOoooo


La casa es una tumba
donde a diario la abuela
llora al hijo muerto.

Ella
despliega estampitas
de venerados santos
e implora.

El abuelo
tiembla su rabia
y también sufre
y todo el patio es una fuente
de agua salada.

La casa es una tumba
de pálidas flores,
uvas caídas,
sol olvidado.

Un Viejo cementerio
de pasillos
pregona tu ausencia
y duelen todos los días.


ooooOoooo



Dicen que me han visto despilfarrando vuelos en muelles extraviados. Aseguran que astronauta del miedo fui a surcar desérticos paraísos, que persigno leyendas de lobo intrépido, que baño mi cuerpo gris en la osadía de un mar en calma.
Publican que me vieron vestido de barca, de gaviota, de nostalgia. Que cantando un tango naufragué en mi mismo y olvide respiros. Cuentan que fue el amor mi pasaje impreciso a trapecios de nada, a equilibristas de todo.
Percatándome de reinas sin gloria, cuentan que entregué mi llama al fuego, que siendo sed olvidé oasis, que siendo mártir mutilé mis brazos. Repiten que flamea aún mi corazón- bandera, no recuerdan que juntaron sus despojos, que arrancaron sus jirones.
Otros me vieron deambulando el jardín botánico disfrazado de estatua, de pez, de hiedra. Recuerdan indemnes los caballeros del ocaso mi cuerpo de devota virgen, mi sangrar de voces, mi arpón de letras.
Suicidando extravagantes pájaros algunos creen que hoy soy cielo, bandada de nubes.
Pregonan que olvidé el ceibo de mi boca, que acaricio lágrimas en heridos ojos, que flagelé mi rostro y ahora soy incienso. Cuentan que me vieron recorrer penumbras siendo transparente vuelo, que dibujé olvido sobre el fracasado oriente.

Yo sigo aquí. Escalo precipicios, imploro mañanas doradas, resisto con mi pared de pie, me acostumbré a ser muro. Sigo buscando ser nadie para ser de nuevo y resurgir capullo.
Quiero descubrir que pedazos de hojas sueltas pueden ser el mejor verso. Entrego mi despertar en cada estrofa y soy así enorme espejo.
Me fui del mundo cargando espaldas hoy puedo remontar desplegando abrazos.
Olvidé cementos de ciudad dolida, renuncié al asfalto, al desolado beso, ahora soy bautismo de selva y barro, de musgo se empeñó mi voz.
Sigo aquí en la inconciencia de no tener hambre. Elijo el vino que embriaga mi soledad tan propia, desprecio ajenos disfraces, me envuelve mi desnudez guerrera.
Soy pequeño, ínfimo, imperfecto, un característico simple, un absurdo despiste, impreciso vagabundo, miga de pan, despojado duende; mas opto por mis exilios, mis madrugadas, mis entierros, mi acostumbrado bolero.
Profeta de espantapájaros receto ser caracol, poblar las piedras, descubrir al rinoceronte que ofrece su amuleto. Receto jamás ser cuerdo, dejar de esperar el fin pues siempre habrá comienzos.

Yo sigo aquí.
Ellos, los que hicieron de mis huesos mágicas fortalezas, los que todavía me esperan, los que no me olvidaron, ellos dicen que me vieron, dicen, que me vieron...




De: “Paisaje de adentro”

ooooOoooo

CARLOS SABAT ERCASTY

SUEÑO QUE ESTOY SOÑANDO

Sueño que estoy soñando y soy dueño del sueño,
igual que si una flauta escuchase su canto
adentro del encanto de su alma. Y levanto
mis sueños por la gracia de sentirme su dueño.

¡Sueño que esoy soñando! Veo el lago risueño
y los vastos reflejos, y hasta me creo tanto
como lo que ha llenado mi espejo. El desencanto
vendrá. Se irán los sueños. Seré otra vez pequeño.

¡Juegos de la ilusión...! La lanzadera interna
teje los grandes lienzos de la sustancia eterna
mientras decora adentro los más bellos tapices.

Yo estoy como a la orilla de un río de quimeras
maravilladas de armonías y matices
que no me dejan ver las cosas verdaderas.

LUIS ALBERTO GONZÁLEZ

MOMENTO
La vida se pasa en un momento
Espacio de tiempo diluido
En cortas horas
Nacimiento, muerte, olvido
¿Cuánto dura?
¿Que recuerdos quedaran?
Si una vez que eres anciano
Vienen los recuerdos a ocupar
Un presente sin sentido
Nos hace retornar
A la infancia ya perdida
Haciéndolos pensar
Presente con pasado
Otra vez niño
Volviendo sin sentido un perdido transitar

Un momento
Eso es vida

¿Que importa?
¿Lo has pensado?
El presente regalado a tu propia decisión
O el pasado idealizado
Con victorias inventadas
Vive
Hazlo hoy
Un mañana batallado es pasado con valor
Cuando vuelva ese recuerdo
Volverá una grata sensación

El tiempo marcha, no retorna
Deja huellas
Mancha ilusiones
Producen mil razones
De pararse o decaer
En la vida los caminos
Fortalecen el andar
Las rodillas nunca niegan
Volverse a incorporar

La pregunta no es el tiempo
Garantía de 100 años o un segundo de existir

¿Que harás con tu momento?
¿Lucharas cuesta arriba?
¿O lloraras cada caída?

Cuerpo a cuerpo, frente a frente
Convivir con el dolor
Retenidos los valores
Que te ayuden a vivir
Aun la ingrata muerte
Se puede resistir

En este mundo difumado
Miles mueren
Sin dejar en otras vidas
Una fuerza un fiel valor
¡Edifica!
No hace daño
Sentirás que cada extraño
Llevara algo de ti
No te niegues
El amor en abundancia
Produce la sustancia
Que nos hace revivir

GITO MINORE

RESPLANDECE



No te hagas eco
del gris de la calle,
del lento correr de las horas,
de lo pesado
que suelen
caer las lágrimas.
Resplandece,
sacale brillo a tu coraza.
Brilla siquiera por un momento,
que nunca se olvida
el nacimiento de una estrella,
con los pies
sucios de fango.
No te dejes llevar
por el río de silencios
que arrasa a la ciudad
mientras descansa
su sueño pesado.
Resplandece,
que nunca se borra
de la memoria
el fulgor de haber sido
- aunque sea una sola vez -
la luz que despabiló
el insomnio de alguno.
No tengas miedo.
No sólo se trata de vivir.
Arriesgate,
no te quedes afuera
mirando como otro lo hace
o esperando que otro se anime.
Dale sentido
a este ordinario
y aburrido pasatiempo
en esta tierra.
Sacale jugo a tu existencia.
Resplandece,
vale la pena.

MARY ACOSTA

ACROBACIA SALMICA


Atardece en mi,
ante el desnudo audaz de los espejos.
Desgrano la penumbra hambrienta
vistiendo un traje de epílogo,
sobre la fina piel gastada,
que expulsada en siete gritos
desarma cóncavos domingos de abril.
Detrás del músculo agotado,
la acróbata libélula
confabula el vuelo,
en mitad del geodésico instante,
inventando el hálito de Dios resucitado.


A BOCA CERRADA



A boca cerrada tensa su armadura
sobre la máquina del miedo.
Sus ovaladas neuronas
acunan naufragios y grávidas ausencias.
Sobre musgosas rocas,
cuelga su alquitranada infancia.
Las esquinas calladas retenidas en sus tímpanos,
pierden su metamorfosis prometida.
Invitado al convite turbio de sus muertos,
coexiste entre los puentes calcados del ahora.
Envoltura de corto viaje disfrazada y a boca cerrada,
memoriza la existencia entre un yo injertado
y la presencia subversiva, de la última palabra.






PARTICULAS VERTICALES


Tú no eres tú,
tampoco eres dueño de tu nombre.

Eres solo una arruga
atrapada en la tierra.
Eres una bofetada de partículas nacientes
desfilando verticalmente.
Eres la herencia de las horas perpetuas
y el eco sinfónico de una esencia gemidora.
Eres un estimulante motivo de nostalgia
perfumando el sendero del espíritu.

Y eres la viudez de tus cenizas
arrinconadas ciegamente,
sobre una recta sinfín
y un nombre encima.